Rembrandt - Titus como san Francisco (Retrato de Titus vestido de monje)
Año 1660
Óleo sobre lienzo, 79,5 x 67,5 cm Amsterdam, Rijksmuseum Firmado y fechado "REMBRANDT F. 166(0)"

Rembrandt retrató diversas veces a Titus en pinturas y grabados, sobre todo durante los años de su primera juventud: no hay duda, pues, en la identificación del joven que posó para este lienzo, que se remonta a la época en la que el hijo del artista tenía diecinueve años. Por el contrario, es muy discutido el significado del cuadro: también aquí, como ante muchas otras obras de Rembrandt, los críticos dan constancia de una intrínseca ambigüedad. No es posible establecer si es un retrato con disfraz o una figura histórica representada en un modelo real y cercano al artista.
Los estudiosos no coinciden tampoco en la identificación del personaje, que para algunos es san Francisco mientras que para otros se trataría, más sencillamente, de un fraile. Este tema, de hecho, reaparece alrededor de 1660 en otros dos cuadros de Rembrandt, que plantean el mismo problema interpretativo.
La imagen está entonada en una atmósfera melancólica; la paleta casi monocroma y el estilo abocetado son los típicos de la producción tardía del maestro.
Titus fue el único hijo de Rembrandt y Saskia que sobrevivió hasta la edad adulta, tras la muerte prematura de sus tres hermanos mayores en la primera infancia, y se convirtió con el paso de los años en el modelo más constante de su padre, retratado en decenas de dibujos, grabados y pinturas a lo largo de toda su vida. Esta práctica de disfrazar a familiares y allegados con atuendos religiosos o históricos, muy extendida en la pintura holandesa del Siglo de Oro bajo la denominación de tronie, permitía al pintor combinar el estudio directo del natural con la libertad compositiva propia de la pintura de historia, sin las restricciones que imponía un encargo de retrato convencional. Titus moriría joven, en 1668, apenas un año antes que su propio padre, dejando este tipo de imágenes como uno de los testimonios más entrañables de la relación entre ambos.
Estos retratos de disfraz religioso, tan frecuentes en la producción tardía de Rembrandt, respondían además a una demanda real del mercado artístico amstelodamés, donde este tipo de imágenes ambiguas entre el retrato privado y la escena de historia gozaban de considerable aprecio entre coleccionistas cultos capaces de apreciar el juego intelectual entre apariencia y realidad. La atmósfera melancólica que domina este lienzo, lejos de resultar casual, se corresponde con el tono general de introspección que caracteriza buena parte de la producción de Rembrandt en estos últimos años de su carrera, marcados por dificultades económicas y por la pérdida de varios seres queridos. El Rijksmuseum de Ámsterdam, institución que hoy custodia este retrato, reúne la colección más completa de pintura holandesa del Siglo de Oro existente en el mundo, y este lienzo ocupa un lugar destacado dentro de la sala dedicada a la producción final de Rembrandt, junto a otras obras tardías de similar intensidad emocional y libertad técnica. Esta obra, junto con las otras dos versiones del mismo tema pintadas por Rembrandt hacia 1660, forma un pequeño grupo que documenta la fascinación persistente del pintor por reinterpretar a su hijo bajo distintos disfraces religiosos durante esta última etapa de su carrera artística. El propio Rijksmuseum organiza periódicamente exposiciones temáticas que reúnen varias de estas representaciones de Titus bajo distintos disfraces, permitiendo al público comparar directamente la evolución física del joven a lo largo de los años en que sirvió de modelo constante a su padre. Un pequeño detalle que sigue fascinando a los visitantes del museo cada año. Sigue siendo, décadas después de su ejecución, una de las imágenes más comentadas de todo su catálogo tardío.