Pierre-Auguste Renoir - Gabrielle con cabello largo

Año 1915-1916
Óleo sobre lienzo, 55 x 37 cm Grenoble, Musée de Grenoble

Pierre-Auguste Renoir - Gabrielle con cabello largo

Esta vez, Gabrielle es retratada vestida, con un sombrero adornado de rosas y una blusa amplia, de reflejos centelleantes; toda la pintura está ejecutada sobre una variación de tonos de rojo.

También en este caso tenemos un lejano recuerdo de la retratística clásica, de tradición davidiana e ingresiana, sobre todo en la opción del pintor por estructurar el fondo en dos extensas zonas de rojo y amarillo, que convergen sobre la cabeza de la modelo: la impresión de excesiva sobriedad que se podría derivar de este fondo abstracto se evita no obstante, pues Renoir aligera la superficie pictórica con gradaciones más claras que contribuyen a producir un efecto de particular luminosidad.

La mirada del contemplador se ve atraída por la flor del sombrero, que sobresale de la superficie del lienzo; en ella se puede intuir la latente mentalidad escultórica de Renoir (que prueba suerte en" estos años con estatuas de Venus): el artista modela con pinceladas densas la consistencia material del modelo natural.

En estos últimos años de su vida, con su decidida preferencia por el rojo, desde el esfumado rosado de las carnes hasta el tono purpúreo de las rosas y las fresas, le encanta captar el fluir de las formas, modulando este color con frescura, en una amplia gama de gradaciones. Revela a un joven pintor, ansioso por aprender su método: "Dispongo mi tema como quiero; luego me pongo a pintarlo como haría un niño.

Quiero que el rojo sea sonoro y vibrante como una campana; cuando no lo consigo añado otros rojos y otros colores hasta que lo obtengo. No hay otras malicias. No tengo reglas ni métodos; el que quiera puede examinar lo que uso o mirar cómo pinto, y verá que no tengo secretos".

La alegría infantil por su oficio, unida a la manifiesta aversión por las reflexiones teóricas y estéticas, sigue siendo el rasgo distintivo del arte de Renoir: el pintor no pretende esconderse en sus propias creaciones; antes bien, desea comunicar sin mediaciones el placer de vivir y de pintar.

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