Rembrandt - Retrato de Saskia en atuendo arcádico (Saskia en traje de Flora)
Año Hacia 1635
Óleo sobre lienzo, 123,5 x 97,5 cm Londres, Nacional Gallery. Firmado y fechado "REM(B.)A(...) 1635", apócrifa

El tema de esta obra es discutido, ya que, como sucede también con la Flora conservada en San Petersburgo, no está del todo claro si debe considerarse un retrato con disfraz mitológico o un auténtico cuadro de historia que tomó como modelo, entre otras posibles, a la propia esposa del pintor. En realidad se duda que los rasgos representados sean exactamente los de Saskia; no se corresponden del todo con los de la modelo retratada en varias ocasiones por el artista alrededor de 1635, y en cambio resulta evidente la semejanza de esta figura con la de la Artemisa fechada en 1634.
No hay noticias documentadas sobre el destino original del cuadro, ya que nada se sabe con certeza antes de una subasta celebrada en París en 1756. Los análisis radiográficos han revelado, además, una pintura anterior bajo la capa visible, en la que la figura femenina representaba en realidad a Judit sosteniendo la cabeza de Holofernes, un tema que Rembrandt decidió sustituir por completo antes de terminar la obra.
La firma y la fecha visibles hoy en el lienzo fueron añadidas probablemente en el transcurso de una restauración antigua, copiando con fidelidad una inscripción original que había quedado eliminada durante los trabajos de limpieza. Sobre un fondo oscuro y casi indiferenciado se recorta, luminosa, la figura de Flora, la divinidad clásica de la primavera y de la vegetación, tocada con una corona de flores silvestres.
En el lienzo se reserva un papel muy destacado a la ilustración del disfraz: el rico traje se describe con amplias extensiones de color y con minuciosas guarniciones bordadas. Es posible que Rembrandt quisiera celebrar aquí, por medio del mito de la fertilidad, el primer embarazo de su esposa, o bien que intentara ofrecer su propia y original interpretación de un motivo de gran fortuna y difusión en la Holanda del siglo XVII, el de la pastora vestida de diosa, cultivado por muchos artistas de la época tanto como imagen de género como en forma de retrato encubierto.
Este tipo de retrato alegórico, muy de moda entre la burguesía acomodada de Ámsterdam durante los años del matrimonio feliz de Rembrandt y Saskia, permitía a la vez celebrar el estatus social de los retratados y vincularlos, mediante la mitología clásica, a valores como la fertilidad, la abundancia o la virtud, sin necesidad de recurrir a un retrato convencional y más directo.
Conservado en la National Gallery de Londres, este lienzo sigue siendo hoy uno de los ejemplos más elegantes de esa moda del retrato mitológico en la Holanda del Siglo de Oro, y un testimonio indirecto, aunque discutido, de los años más felices en la vida personal de Rembrandt.
Rembrandt pintaría al menos otras dos versiones del tema de Flora en esta misma década, además de la conservada en San Petersburgo: una tercera, fechada hacia 1641 y conservada en Dresde, muestra a una mujer de rasgos algo distintos también coronada de flores, lo que sugiere que el motivo funcionaba para el pintor casi como un género propio dentro de su producción, susceptible de repetirse con variaciones a lo largo de los años, más que como un homenaje puntual a una persona concreta.
La reutilización del lienzo, con la figura de Judit y Holofernes oculta bajo la capa visible de pintura, no es un caso aislado en la producción de Rembrandt: reaprovechar telas ya iniciadas o abandonadas era una práctica común entre los pintores holandeses del siglo XVII, motivada tanto por razones económicas como por la propia naturaleza experimental del proceso creativo del artista, que no dudaba en cambiar por completo el tema de una composición si el resultado inicial no lo convencía.