Año 1650 a 1655
Óleo sobre lienzo, 166 x 112 cm Madrid, Museo del Prado

La Virgen del Rosario con el Niño (Virgen del Escorial) – Bartolomé Esteban Murillo, 1650 a 1655, Barroco

Con esta obra, Murillo inicia una nueva manera de representar uno de sus temas predilectos. Hasta este momento, sus pinturas seguían en mayor o menor grado el modelo de la Virgen del Rosario del Museo Goya de Castres. Interpretaban a la Virgen como a una mujer que comenzaba a perder la esbeltez juvenil, con el niño sentado en su regazo y envuelta en amplios ropajes.

En esta obra, composición y tono han variado sensiblemente. La Virgen está también sentada en la escalera de mármol ante un fondo oscuro, pero ahora se trata de una joven a la que se arrima tiernamente su hijo semidesnudo. El sentido de masa y monumentalidad anteriores han desaparecido para dejar paso a un refinamiento y una esbeltez nuevos. Todo ello queda de manifiesto en la encantadora manera en la que la madre abraza al niño y en el detalle del rosario que se desliza entre ambos.

La crítica relaciona este cambio con la necesidad lógica de Murillo de explorar nuevas soluciones pictóricas, así como con la influencia de Rafael y Van Dyck. Es bien sabido que la obra de Rafael circulaba en forma de grabados y dibujos desde antiguo; el artista sevillano debió de encontrar en el pintor de Urbino una rica fuente de inspiración, sobre todo en lo que a elegancia y riqueza de movimientos se refiere. La actitud del Niño de pie, juntando la cara con la de la Virgen, se encuentra ya en la Madonna Mackintosh del italiano. El influjo de Van Dyck, cuya obra era también muy conocida en la ciudad andaluza, se ha querido encontrar en los delicados rasgos del rostro de la Virgen.

La obra ha sido siempre extraordinariamente popular y famosa; de ahí que fuera copiada en numerosas ocasiones. La primera referencia a ella es de 1788, año en que se halla en la Casa del Príncipe, en El Escorial, al ser adquirida por Carlos IV. En 1827 ingresa en la colección del Museo del Prado.

Resulta significativo que la influencia de Rafael y Van Dyck sobre Murillo se transmitiera sobre todo a través de estampas y copias grabadas, y no mediante un contacto directo con las obras originales, un método de aprendizaje habitual entre los pintores barrocos españoles que rara vez tenían ocasión de viajar fuera de la Península. Este giro hacia una Virgen más joven, esbelta y tiernamente humana marca además el inicio pleno del llamado estilo vaporoso de Murillo, caracterizado por contornos suaves y una luz cálida y difusa, que definiría el resto de su producción mariana durante las siguientes décadas.

Esta nueva concepción de la Virgen, más joven y esbelta, se enmarca dentro de un momento de plena madurez creativa para Murillo, situado hacia mediados del siglo, cuando el pintor sevillano comenzaba a consolidar el lenguaje personal que lo distinguiría definitivamente de la generación de maestros que lo habían precedido, entre ellos Zurbarán y el propio Velázquez en su etapa sevillana. El propio nombre alternativo de la obra, Virgen del Escorial, recuerda su larga permanencia en las colecciones reales antes de su traslado definitivo al Museo del Prado en el siglo XIX. La abundancia de copias que generó esta composición a lo largo de los siglos siguientes, tanto en España como fuera de ella, confirma el extraordinario éxito popular que alcanzó esta nueva manera murillesca de representar a la Virgen, un modelo iconográfico que influiría de manera notable en la pintura religiosa española de las generaciones posteriores. El detalle del rosario deslizándose entre las manos de la Virgen y el Niño, tan delicadamente resuelto, se convertiría con el tiempo en uno de los motivos más copiados de toda la iconografía mariana murillesca, reproducido incansablemente por discípulos y seguidores del maestro sevillano durante generaciones.