Miró - Desnudo de pie
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- Joan Miró obras de arte
1918
Oleo sobre lienzo,
153 x 120,7 cm
San Luis, Saint Louis Art Museum

Si las obras inmediatamente anteriores a 1918 nos muestran a un Miró que hace suyos los estilemas de Van Gogh, en este cuadro resulta ya evidente su conocimiento directo de Matisse y del cubismo, dos referencias que empezarían a convivir en su obra durante estos años de formación. Este lienzo figura entre los primeros desnudos realizados por el artista, elaborado sobre la base de bocetos y estudios preliminares en los que la figura femenina destaca bien definida ante un fondo con dibujos ornamentales de inspiración claramente decorativa.
La mujer parece llevar una especie de armadura metálica que refleja el color de las paredes y de la alfombra que la rodean, en un juego de reflejos que ya anuncia el interés de Miró por la interacción entre figura y entorno. Se crea así un contraste entre la figura desnuda, situada en el centro de la composición, en la que la tendencia a la geometrización es muy fuerte, y el fondo, sobre el que resaltan motivos florales de vivos colores.
El tratamiento de las sombras que recorren las piernas y el vientre de la mujer no tiene la misma fluidez que las pinceladas que dibujan los motivos de volutas de la pared, situada detrás de ella, lo que acentúa aún más el juego de opuestos entre cuerpo y decoración que estructura toda la composición.
De la frecuente investigación del arabesco que se advierte en esta obra se deduce cuán atraído se sentía Miró en esta etapa por la fuerza expresiva de los ornamentos orientales, que habían influido notablemente en el arte francés de las décadas anteriores, desde el japonismo hasta las artes decorativas de comienzos de siglo. Asistimos aquí a un cambio en el arte de Miró que lo llevará poco a poco a introducir motivos geométricos, con los cuales experimentaban también en estos mismos años Francis Picabia y Marcel Duchamp.
En este periodo, la galería Dalmau de Barcelona organizó la primera exposición individual de Miró, en la que el artista presentó nada menos que sesenta y cuatro cuadros y dibujos reunidos a lo largo de varios años de trabajo. La obra del joven catalán no se ganó, sin embargo, el favor de la crítica local, que la calificó en su momento de inexpresiva y difícil de entender.
Este rechazo inicial de la crítica barcelonesa contrasta notablemente con el reconocimiento internacional que Miró alcanzaría apenas una década después, tras su instalación en París, un contraste que ilustra bien lo poco preparado que estaba todavía el ambiente artístico catalán para recibir las novedades más radicales de la vanguardia europea.
Conservado en el Saint Louis Art Museum, este desnudo permite observar el momento exacto en que Miró, todavía muy joven, empezaba a asimilar de manera personal las lecciones del fauvismo, el cubismo y las artes decorativas orientales.
La galería Dalmau, dirigida por el marchante Josep Dalmau, había sido durante la década de 1910 el principal punto de contacto de Barcelona con las vanguardias europeas, organizando ya en 1912 la primera exposición cubista celebrada en España, años antes de que este lenguaje se conociera de manera generalizada fuera de París. Que Miró, con apenas veinticinco años, obtuviera allí su primera exposición individual en 1918 dice mucho sobre la confianza que Dalmau depositaba en el joven pintor, pese al escaso éxito comercial y crítico inicial de aquella muestra, que solo con el paso de las décadas sería reconocida como el punto de partida de una de las carreras más influyentes del arte del siglo XX.
Aquella confianza inicial, mal recompensada por la crítica de su tiempo, resultaría a la larga plenamente justificada.