1917
Oleo y cromotipia sobre lienzo,
81 x 65 cm
Nueva York, The Museum of Modern Art, legado Florene May Schoenborn
© 2004, Digital image,
The Museum of Modern Art, Nueva York / Scala, Florencia

Retrato de E.C. Ricart – Joan Miró, 1917, Surrealismo

Entre 1917 y principios de 1918, Miró cultiva con frecuencia el género del retrato. Aquí aparece su compañero de estudios Enric Cristòfol Ricart, con quien compartía taller desde hacía un año, tras haberse conocido ambos en la Escola d'Art dirigida por Francesc Galí en Barcelona. Es visible la influencia que ejerció sobre el artista la obra de Van Gogh, manifestada tanto en la paleta viva como en la cita explícita de la estampa japonesa pegada al lienzo a la izquierda de Ricart, tomada del Retrato del Père Tanguy del propio Van Gogh, de 1887, donde el modelo aparece en una postura muy similar.

Los colores utilizados son intensos y puros, señal de que la lección fauve había sido bien aprendida por el joven Miró en esos años de formación. La luminosidad del rostro y de la casaca se deriva de la variación de los tonos de color sobre la superficie; también los volúmenes y el juego de las luces y las sombras se traducen aquí en manchas de color más que en un modelado tradicional.

El rostro, de rasgos caricaturescos y posición frontal, muestra una estilización que recuerda a ciertas litografías expresionistas centroeuropeas de la época, con el resultado de acentuar la actitud pensativa del sujeto retratado. Las líneas del rostro, el cabello y el traje crean una especie de textura de motivos abstractos que contrasta visiblemente con el caligrafismo minucioso de la estampa japonesa del fondo. La paleta que aparece arriba a la izquierda es una clara alusión a la propia profesión pictórica del personaje representado.

Ricart, que con el tiempo se especializaría sobre todo en el grabado y la ilustración, formó parte del reducido grupo de amigos de juventud de Miró en la Barcelona de las décadas de 1910 y 1920, un círculo de artistas catalanes que compartían estudio, materiales y también las primeras influencias de las vanguardias europeas que llegaban, con cierto retraso, hasta Cataluña a través de exposiciones y revistas especializadas.

Este tipo de retratos de amigos y compañeros de generación son relativamente frecuentes en la producción más temprana de Miró, antes de su instalación definitiva en París en 1920, y constituyen hoy un valioso documento sobre el ambiente artístico barcelonés en el que se formó uno de los grandes maestros del siglo XX.

Conservado en el Museum of Modern Art de Nueva York, este retrato permite apreciar, con notable viveza cromática, el talento ya evidente de un Miró todavía muy joven, antes de que abandonara por completo la figuración tradicional.

La Escola d'Art de Francesc Galí, donde Miró y Ricart se conocieron hacia 1912, ofrecía una formación deliberadamente distinta de la enseñanza académica tradicional de la Escuela de Bellas Artes de Barcelona: Galí animaba a sus alumnos a explorar directamente las vanguardias europeas, organizaba visitas a exposiciones y fomentaba el contacto con la música y la poesía como parte integral de la formación artística, un método pedagógico poco habitual en la España de comienzos del siglo XX que dejó una huella profunda en toda una generación de artistas catalanes.

De aquel ambiente formativo tan particular surgieron, además de Miró y Ricart, otros nombres que se convertirían con el tiempo en referencias del arte catalán, y el propio Miró reconocería siempre su deuda con aquellos años de aprendizaje compartido, mucho más determinantes para su evolución posterior que la enseñanza académica más convencional que había recibido anteriormente.

Este retrato de juventud, sencillo en apariencia, encierra así toda una red de amistades, complicidades y aprendizajes compartidos que resultaría más tarde decisiva para la posterior trayectoria internacional de Miró.