Francisco de Goya - Las Parcas
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- Francisco de Goya obras de arte
1820-1821
Óleo sobre pared, trasladado a lienzo, 123 x 266 cm Madrid, Museo Nacional del Prado

Es una de las Pinturas negras ejecutadas en las paredes de la pieza del primer piso en la Quinta del Sordo. Se observará, dicho sea entre paréntesis, que estas pinturas no son cromáticamente negras, o no únicamente: la uniformidad de tonos casi exclusivamente pardos y negros es característica de las pinturas del piso bajo, realizadas en un momento sensiblemente posterior.
Esta representación del tema de las Tres Parcas no es convencional; en realidad, solo la figura de la derecha, que lleva las tijeras en la mano, puede ser identificada de manera segura con Átropos, la Parca que corta el estambre de la vida. Como esta figura fue durante mucho tiempo la única reconocida, su nombre, Átropos, el Destino, se extendió al cuadro entero.
Láquesis, en el centro, porta un objeto que difícilmente puede ser su atributo canónico, el huso, sino que más bien parece un espejo, símbolo de lo transitorio, de lo efímero. Tampoco Cloto, a la izquierda, sostiene la rueca, sino que lleva en la mano una figurilla, que tal vez podría ser la estatuilla de arcilla con la que Prometeo modeló al primer hombre. El cuarto ser volador, que no puede ser una de las Parcas, parece tener las manos atadas a la espalda, como Prometeo por el castigo que le infligió Júpiter a causa de su rebelde comportamiento.
Esta ambigüedad iconográfica deliberada, tan característica de todo el ciclo de las Pinturas negras, refleja el carácter profundamente personal y no destinado al público que tuvo esta serie, pintada por Goya directamente sobre los muros de su propia casa sin encargo alguno ni intención documentada de exhibirla jamás. La presencia enigmática de Prometeo entre las Parcas, mezclando así dos mitos clásicos distintos relacionados con el destino humano y el castigo divino, sugiere una elaboración simbólica muy libre por parte del pintor, más interesado en transmitir una sensación general de fatalidad ineludible que en ilustrar con precisión filológica una fuente clásica concreta.
El Museo del Prado, que conserva el ciclo completo de las Pinturas negras tras su traslado desde los muros originales de la Quinta del Sordo, dedica una sala propia a esta serie excepcional, permitiendo a los visitantes contemplar juntas todas las composiciones que Goya pintó directamente sobre las paredes de su vivienda durante los últimos años de su vida en España, antes de su exilio definitivo en Burdeos. Los estudios técnicos más recientes sobre el proceso de traslado de estas pinturas desde el muro original hasta el lienzo actual, realizado ya en el siglo XIX, han revelado detalles sobre la técnica original de Goya que permanecían ocultos bajo capas posteriores de barniz y suciedad acumulada durante décadas de exposición a las condiciones ambientales de la casa original. La ambigüedad simbólica de esta escena, lejos de ser un defecto interpretativo, refleja probablemente la propia intención de Goya de construir una imagen abierta a múltiples lecturas, coherente con el carácter profundamente personal y nunca explicado de todo el ciclo de las Pinturas negras. Una imagen que sigue resistiéndose, siglo y medio después, a cualquier lectura iconográfica plenamente satisfactoria y cerrada. El propio Goya, al pintar estas figuras sobre el muro de su casa, no dejó ninguna clave escrita que resolviera el enigma para la posteridad. El silencio del propio artista sobre el significado de estas figuras forma parte, quizás, del mensaje mismo que quiso transmitir. El propio traslado de estas pinturas desde el muro original hasta el lienzo, operación delicada realizada ya en el siglo XIX, estuvo a punto de destruir para siempre estas imágenes tan cargadas de misterio, y solo la pericia técnica de los restauradores de la época permitió salvarlas para las generaciones posteriores.