Año 1579-1580
Óleo sobre lienzo, 140 x 110 cm aprox. Madrid, Galería de las Colecciones Reales (antes El Escorial, Monasterio de San Lorenzo)
Movimiento artístico: Manierismo

La Adoración del Nombre de Jesús (Alegoría de la Liga Santa) – El Greco, 1579-1580, Manierismo

Pocas obras de El Greco han cambiado tantas veces de título a lo largo de su historia como este lienzo enigmático, hoy expuesto en la Galería de las Colecciones Reales de Madrid tras haber colgado durante siglos en la capilla del Panteón de El Escorial. Al principio se la conocía como La Gloria de El Greco, en paralelo directo con La Gloria de Carlos V que Tiziano había pintado décadas antes para el mismo monasterio. A mediados del siglo XVII se prefería llamarla Adoración del Nombre de Jesús, un tema muy característico de la iconografía contrarreformista, mientras que ya en el siglo XX buena parte de los historiadores se decantó por el título de El sueño de Felipe II.

¿Cuál es entonces la lectura correcta de esta compleja composición? En años recientes se ha impuesto una interpretación distinta, la de una Alegoría de la Liga Santa, la alianza militar formada en 1571 entre España, Venecia y el papado contra el Imperio otomano, que culminó en la célebre victoria naval de Lepanto. Según esta lectura, los personajes arrodillados en primer plano, junto al perfectamente reconocible Felipe II, representarían a los grandes protagonistas de aquella alianza, el papa, visto de frente y asistido por dos cardenales, el dux veneciano, representado de espaldas con la mano extendida en gesto amarillo característico, y don Juan de Austria, hermanastro del rey y fallecido en 1578, ataviado con armadura romana y la espada vuelta hacia abajo en gesto de idealización, sin rasgos individualizados que permitan reconocerlo con total certeza.

La identificación exacta de estas figuras sigue siendo, sin embargo, objeto de debate entre los especialistas, que discrepan sobre si el pontífice representado es Pío V, el papa que efectivamente promovió la formación de la Liga Santa, o su sucesor Gregorio XIII, y sobre si el dogo veneciano corresponde a Alvise Mocenigo, en el cargo durante la propia batalla de Lepanto, o a Sebastiano Venier, comandante naval en la contienda y dogo algo después. Esa incertidumbre en la identificación concreta de los personajes, lejos de resultar excepcional, es habitual en las grandes alegorías políticas del periodo, donde el retrato idealizado prevalecía frecuentemente sobre la fidelidad fisonómica estricta.

No se conocen tampoco las circunstancias exactas del encargo. Algunos rasgos estilísticos, que aproximan la obra al Tríptico de Módena de la etapa veneciana, sitúan su cronología entre 1577 y 1580, aunque parece probable que la idea naciera concretamente en 1579, coincidiendo con la presencia de Felipe II y su familia en Toledo, lo que sugiere una vinculación más personal del rey con el encargo de lo que documentan las fuentes conservadas. El propio estilo del cuadro parece dilatar y magnificar los motivos propios del icono bizantino, evocando al mismo tiempo los fondos paisajísticos que El Greco había desarrollado durante sus años romanos.

La composición distingue con claridad dos ámbitos, el terrenal, ocupado por las figuras históricas arrodilladas, y el celestial, un vasto cielo poblado de ángeles en vuelo, mientras que a la derecha las fauces de un monstruo marino devoran a los condenados, una imagen infernal que algunos han relacionado con la tradición pictórica de El Bosco. Existe además un boceto preparatorio firmado, hoy en la National Gallery de Londres desde 1955, que confirma la meditada elaboración compositiva de una obra que, casi cuatro siglos y medio después, sigue resistiéndose a una interpretación definitiva y unánime.

El propio contexto en el que originalmente colgaba el lienzo, la capilla del Panteón real de El Escorial, refuerza la plausibilidad de una lectura vinculada a la memoria dinástica y militar de la monarquía española. Aquel espacio, destinado a albergar los restos de los reyes de la Casa de Austria, resultaba un escenario especialmente apropiado para una imagen que combinara la devoción religiosa con la celebración velada de una de las grandes victorias militares del reinado de Felipe II, tejiendo así un vínculo simbólico entre la piedad personal del monarca y la legitimidad de su gobierno frente a la amenaza otomana.

El reciente traslado de la obra a la Galería de las Colecciones Reales, inaugurada en Madrid en 2023, ha permitido a los especialistas someterla a nuevos estudios técnicos y comparativos, en un contexto museográfico muy distinto del recogimiento monástico original de El Escorial, y ha reavivado el interés público por una de las composiciones más intelectualmente exigentes de todo el catálogo de El Greco.