Sandro Botticelli - Nastagio degli Onesti I
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- Sandro Botticelli obras de arte
Año 1483
Temple sobre tabla, 83 x 138 cm Madrid, Museo Nacional del Prado
Movimiento artístico: Renacimiento italiano

Esta tabla inaugura una de las series narrativas más singulares de toda la obra de Botticelli, un conjunto de cuatro paneles que ilustran fielmente la octava novela de la quinta jornada del Decamerón de Giovanni Boccaccio. La forma alargada y horizontal de las tablas, pensadas casi con certeza para insertarse en el mobiliario de madera de una estancia nupcial, junto al propio contenido de la historia, ha llevado a los especialistas a identificar el conjunto como el encargo realizado con motivo del matrimonio entre Giannozzo Pucci y Lucrezia Bini, celebrado en 1483, un regalo de bodas que Lorenzo el Magnífico habría ofrecido personalmente a la familia Pucci.
El relato de Boccaccio narra la historia de un joven noble de Rávena, Nastagio degli Onesti, rechazado sin piedad por la mujer de la que está perdidamente enamorado. En esta primera escena, Nastagio aparece a la izquierda, vagando sumido en la melancolía tras el desdén de su amada, cuando de pronto es testigo de una visión sobrecogedora, en el centro de la composición, unos perros persiguen y muerden a una joven completamente desnuda, mientras un jinete armado la acosa sin tregua.
¿Qué explica esta escena de violencia tan repentina en medio del bosque? Botticelli, siguiendo fielmente a Boccaccio, adopta aquí una fórmula narrativa muy característica de la pintura tardomedieval y renacentista, la de representar los momentos cruciales de una historia dentro de un único espacio pictórico continuo, sin las divisiones espaciales que separarían escenas sucesivas en una narración moderna. El espectador contemporáneo, acostumbrado a leer imágenes de esta manera, entendía perfectamente que ambos episodios, la tristeza de Nastagio y la cacería infernal, pertenecían a momentos distintos de una misma secuencia temporal.
El paisaje de fondo, que se entrevé entre los árboles con un mar sereno y panorámico, evoca deliberadamente la ciudad de Rávena, escenario original del relato de Boccaccio, situada junto a la costa adriática italiana. Ese anclaje geográfico preciso confería a la historia, ya de por sí cargada de elementos sobrenaturales, una capa adicional de verosimilitud, ubicándola en un lugar real y reconocible por cualquier espectador culto de la Florencia del Quattrocento.
Técnicamente, esta primera tabla demuestra el dominio absoluto que Botticelli había alcanzado para estas fechas en la construcción de espacios narrativos complejos, capaces de sostener varios focos de atención simultáneos sin perder coherencia compositiva. La transición entre la figura solitaria y melancólica de Nastagio y la violencia repentina de la cacería se resuelve con una fluidez visual notable, guiando la mirada del espectador de un episodio a otro sin necesidad de ninguna indicación explícita.
Lo que en esta primera escena todavía se presenta como un misterio inquietante, la razón de esa cacería fantasmal, encontrará su explicación completa en los paneles siguientes de la serie, construida por Botticelli con el mismo sentido del suspense narrativo que caracteriza al propio relato original de Boccaccio.
Resulta significativo, además, el destino que tuvieron estas cuatro tablas tras abandonar el Palazzo Pucci de Florencia, donde permanecieron durante siglos formando parte del mobiliario original de la familia. En la segunda mitad del siglo XIX, el conjunto se dispersó, tres de los cuatro paneles terminaron en el Museo del Prado, mientras que el cuarto, el que cierra la historia, siguió un recorrido distinto por varias colecciones privadas europeas antes de regresar finalmente a Florencia. Esa dispersión, tan habitual en el destino de muchos conjuntos pictóricos renacentistas vendidos o heredados a lo largo de los siglos, hace que hoy resulte especialmente valioso poder contemplar juntas, aunque sea a través de reproducciones, las cuatro escenas que originalmente formaban una sola narrativa continua.
Elegir precisamente esta historia de Boccaccio para decorar el mobiliario de una boda no era una casualidad ingenua. El relato de Nastagio funcionaba como una advertencia moral dirigida sobre todo a las jóvenes desposadas, un recordatorio en clave narrativa de las consecuencias que aguardaban a quien rechazara con crueldad el amor legítimo, un mensaje perfectamente adecuado al contexto matrimonial para el que fue encargada toda la serie.