1518-1519
Tabla, 85 x 60 cm Roma, Gallería Nazionale d'Arte Antica, Palazzo Barberini Firmado en el brazalete: RAPHAEL URBINAS

Retrato de mujer joven (La Fornarina) – Rafael Sanzio, 1518-1519, Alto Renacimiento

A finales del siglo XVI se encontraba en la residencia romana de la condesa de Santafiora, de cuya casa pasó a la colección del duque de Buoncompagni y finalmente al palacio Barberini.

Fornarina es el nombre con el que se conoce, tal vez en la acepción dieciochesca de amante, dada la impúdica presentación, pero quizá precisamente para denotar a Margherita, la mujer de origen sienés apasionadamente amada por Rafael, hija de un panadero de la comarca romana de Santa Dorotea, llamado Francesco Luti, la mujer a la cual culpan los biógrafos del pintor de los excesos amorosos que lo habrían llevado a una muerte precoz.

Aunque firmada en el brazalete que adorna el brazo izquierdo de la joven, no toda la crítica había reconocido en el pasado la obra como autógrafa de Rafael; incluso se había propuesto a menudo el nombre de uno de sus discípulos más importantes, Giulio Romano, plenamente activo en el taller del maestro en los últimos años de la segunda década del siglo. Sin embargo, y también sobre la base de las exploraciones diagnósticas, actualmente se tiende a aceptar la obra, en la cual se reelaboran, partiendo de un tema leonardesco, sugestiones clásicas, como totalmente autógrafa del maestro, salvo acaso en el rostro, que podría ser fruto de una intervención de Giulio Romano. Naturalmente, una de las cuestiones que han suscitado el interés de la crítica es si la Fornarina y la Velada representan a la misma persona, la amada del pintor.

El supuesto romance entre Rafael y esta Fornarina se convirtió, ya desde el siglo XIX, en uno de los episodios más novelados de toda la mitología artística renacentista, elaborado sobre todo por escritores y pintores románticos: el propio Ingres retrató en varias ocasiones a Rafael abrazando a su amada panadera, consolidando una leyenda cuya base factual los historiadores modernos ponen hoy en duda con fundamento. Esta obra fue pintada exactamente en los mismos años, 1518 y 1519, que el Autorretrato con un amigo hoy conservado en el Louvre, apenas uno o dos antes de la muerte prematura del artista en 1520. La inscripción del nombre en el brazalete, en lugar del habitual cartel o cartela, resulta además un gesto de intimidad pictórica poco común, que refuerza el carácter privado y personal que siempre se ha querido leer en esta imagen.

El supuesto romance entre Rafael y esta Fornarina se convirtió, ya desde el siglo XIX, en uno de los episodios más novelados de toda la mitología artística renacentista, elaborado sobre todo por escritores y pintores románticos: el propio Ingres retrató en varias ocasiones a Rafael abrazando a su amada panadera, consolidando una leyenda cuya base factual los historiadores modernos ponen hoy en duda con fundamento. Esta obra fue pintada exactamente en los mismos años, 1518 y 1519, que el Autorretrato con un amigo hoy conservado en el Louvre, apenas uno o dos antes de la muerte prematura del artista en 1520. La inscripción del nombre en el brazalete, en lugar del habitual cartel o cartela, resulta además un gesto de intimidad pictórica poco común, que refuerza el carácter privado y personal que siempre se ha querido leer en esta imagen tan debatida por la crítica. Con independencia de la verdad histórica que se esconda tras la leyenda romántica, lo cierto es que esta imagen, con su mirada directa y su presentación casi provocadoramente franca para la época, sigue siendo hoy una de las representaciones femeninas más estudiadas de todo el Alto Renacimiento italiano, objeto de análisis constante por parte de generaciones sucesivas de historiadores del arte.