Claude Monet - Los pavos
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- Claude Monet obras de arte
Año 1877
Óleo sobre lienzo, 174,5 x 172,4 cm París, Musée d'Orsay

Realizado para los Hoschedé, este cuadro de grandes dimensiones figura un prado en el cual hay unos pavos picoteando. Las pinceladas se aplican en toques muy grandes que generan un efecto casi dividido. El verde del prado se obtiene combinando múltiples tonalidades de verde a las que se mezclan tonalidades azul calero y azul marino. La espesa alfombra de hierba es interrumpida cromáticamente por el blanco de los enormes pavos, cuyo manto claro se realza con un empaste de pinceladas blancas, rosas, azules y verdes.
Hacia finales de la década de los setenta, Monet se dedica sobre todo al estudio de la influencia recíproca de los colores. Usa pinceles con anchas espátulas que le permiten mantener la diferenciación de las amplias pinceladas. De este modo, si se mira de lejos, el cuadro adquiere una neta definición que, sin embargo, se pierde completamente de observarse con atención y a poca distancia. El impacto emotivo es muy fuerte, y el asunto sorprende por su carácter inhabitual: no es, efectivamente, una vista de jardín con animales de corral, sino un rapidísimo zoom de una parte del prado dominada por grandes pavos que parece avanzar corriendo desde el primer plano, fuera del lienzo.
El encargo procedía de Ernest Hoschedé, adinerado propietario de grandes almacenes parisinos y uno de los primeros y más importantes coleccionistas y mecenas del Impresionismo, que había pedido a Monet este lienzo junto con otros paneles decorativos destinados a engalanar su castillo de Rottembourg, en Montgeron.
Este encargo decorativo, de escala monumental para lo habitual en la producción de caballete de Monet, refleja bien la tradición de las grandes residencias campestres francesas del siglo XIX, donde los propietarios adinerados encargaban conjuntos pictóricos de gran formato para decorar salones enteros. La bancarrota de Hoschedé, sobrevenida apenas un año después de este encargo, precipitaría la dispersión de su colección y llevaría, con el tiempo, a la fusión de las familias Hoschedé y Monet bajo un mismo techo en Giverny, tras el segundo matrimonio del pintor con Alice Hoschedé, viuda de su antiguo mecenas.
El encargo procedía de Ernest Hoschedé, adinerado propietario de grandes almacenes parisinos y uno de los primeros y más importantes coleccionistas y mecenas del Impresionismo, que había pedido a Monet este lienzo junto con otros paneles decorativos destinados a engalanar su castillo de Rottembourg, en Montgeron. Este encargo decorativo, de escala monumental para lo habitual en la producción de caballete de Monet, refleja bien la tradición de las grandes residencias campestres francesas del siglo XIX, donde los propietarios adinerados encargaban conjuntos pictóricos de gran formato para decorar salones enteros. La bancarrota de Hoschedé, sobrevenida apenas un año después de este encargo, precipitaría la dispersión de su colección y llevaría, con el tiempo, a la fusión de las familias Hoschedé y Monet bajo un mismo techo en Giverny. Pocas veces en toda su carrera se aventuró Monet en un tema tan insólito como el de estas aves de corral vistas casi al detalle, un experimento que, aunque aislado dentro de su producción, anticipa ya esa capacidad suya para transformar cualquier motivo, por trivial que pareciera a primera vista, en una auténtica investigación sobre la luz y el color puros. Pocas obras del pintor transmiten con tanta fuerza esa sensación de cercanía casi física con el motivo representado, un efecto buscado deliberadamente por Monet mediante el encuadre cerrado y el punto de vista bajo, casi a ras de suelo. El resultado sigue sorprendiendo hoy a los visitantes del Museo de Orsay, poco habituados a encontrar entre los grandes paisajes impresionistas del pintor una escena tan doméstica y a la vez tan audazmente construida.