1942
Óleo sobre lienzo, 195 x 265 cm París, Musée National d'Art Moderne, Centre Georges Pompidou

Alborada – Pablo Picasso, 1942, Cubismo

Terminado en mayo de 1942, en pleno periodo de la ocupación alemana de París, este gran lienzo, cuyo título original en francés, Aubade, significa literalmente serenata matinal, fue el resultado de casi un año de bocetos y estudios preparatorios. Picasso, que decidió permanecer en la capital francesa durante toda la ocupación pese a las presiones y restricciones que sufría como artista señalado por las autoridades nazis, encontró en estos años un registro pictórico marcado por la tensión, el encierro y la angustia contenida.

La escena reúne a dos mujeres en un espacio cerrado y opresivo: una aparece tendida sobre un banco cubierto por una tela a rayas, en una postura incómoda y forzada, mientras la otra permanece sentada en una silla sosteniendo una mandolina, en una escena que evoca, de manera casi irónica, la tradición pictórica de la música y el reposo. Sin embargo, cualquier atisbo de placidez queda desmentido por la deformación de los rostros de ambas figuras, tratados con rasgos angulosos y casi animalescos, muy alejados de las líneas suaves y serenas con las que Picasso había representado, apenas una década antes, a Marie-Thérèse Walter descansando en el jardín.

Este contraste no es casual. Las figuras, encerradas dentro de estructuras rígidamente geométricas, ocupan una habitación desnuda, sin ningún detalle que sugiera calidez o intimidad, y se ignoran mutuamente pese a compartir el mismo espacio reducido. Esa indiferencia recíproca, sumada a la deshumanización física con la que están tratados ambos cuerpos, aproxima esta pintura al lenguaje de las esculturas de inspiración dadaísta que Picasso experimentaba por aquellos mismos años, construidas a partir de objetos encontrados y materiales de desecho.

¿Puede leerse esta obra como una metáfora de la vida bajo la ocupación? Buena parte de la crítica la ha interpretado en ese sentido: el encierro físico de las dos figuras, la tensión latente en sus posturas, la ausencia de cualquier horizonte visible más allá de las cuatro paredes de la habitación, encajan con el clima de restricción y vigilancia que Picasso y el resto de los parisinos vivieron durante los años de la ocupación alemana, un periodo durante el cual al artista, de hecho, se le llegó a prohibir exponer públicamente su obra.

Lejos de refugiarse en un lenguaje evasivo, Picasso convierte así una escena aparentemente doméstica, dos mujeres en una habitación, en un vehículo de una angustia mucho más amplia y colectiva, en la línea de otras obras mayores de estos mismos años marcadas por la violencia y la deformación de la figura humana.

Conservada en el Musée National d'Art Moderne del Centre Georges Pompidou de París, esta pintura constituye uno de los testimonios pictóricos más elocuentes del periodo de la ocupación, un momento en el que Picasso, sin recurrir jamás a la representación directa del conflicto bélico, logró transmitir como pocos artistas de su generación la atmósfera opresiva de aquellos años.

Pese a las dificultades y a la vigilancia constante a la que fue sometido durante la ocupación, Picasso rechazó las invitaciones que recibió para abandonar Francia y refugiarse en un país neutral, y continuó pintando en su estudio de la calle de los Grands-Augustins, en pleno centro de París, prácticamente durante toda la guerra. De ese periodo datan también otras obras marcadas por una atmósfera igualmente sombría, como distintas naturalezas muertas con cráneos de animales, que junto a esta Alborada configuran uno de los conjuntos más personales y menos festivos de toda su producción.

Ese contexto de aislamiento y vigilancia constante explica, en buena medida, la atmósfera cerrada y opresiva que domina toda la composición, y ayuda a entender por qué los años de la ocupación se cuentan entre los más difíciles de toda la carrera del pintor.