Picasso - Maqueta para la portada de Minotaure
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- Pablo Picasso obras de arte
1933
Collage de lápiz sobre papel, cartón ondulado, papel de plata, cinta, papel de pared, tapetito de papel, hojas de lino quemadas, chinchetas y carboncillo sobre tabla, 48,5 x 41 cm Nueva York, The Museum of Modern Art © 2004, Digital image, The Museum of Modern Art, Nueva York / Scala, Florencia

El 1 de junio de 1933 se publicó el primer número de la revista Minotaure, bautizada así por los surrealistas André Masson y Georges Bataille, editada por Albert Skira y dirigida por Tériade. Con tal ocasión, Picasso realizó un collage para la primera portada de la revista, cuya elaboración nos describe con detalle el fotógrafo Brassaï, testigo directo del proceso: sobre una tabla de madera, el pintor había clavado con chinchetas un trozo de cartulina prensada y ondulada, como la que ya había utilizado en varias de sus esculturas anteriores.
Encima de esa base, Picasso pegó un grabado en el que estaba representado el propio monstruo mitológico, y luego reunió trozos de cinta, fragmentos de encaje, papel de plata y finalmente algunas flores artificiales que, según confesó al fotógrafo, procedían de un sombrero pasado de moda que su esposa Olga había desechado poco antes.
Ese mismo número incluía además un texto de André Breton titulado Picasso dans son élément, en el que el escritor y viejo amigo del pintor describía y exaltaba sus collages-objects, una serie de construcciones tridimensionales que Picasso venía desarrollando desde comienzos de los años treinta en su finca de Boisgeloup. Halagado por el artículo, el artista decidió realizar precisamente la ilustración de portada con esta misma técnica del collage.
El propio nombre de la revista, Minotaure, remitía a la figura mitológica del hombre-toro encerrado en el laberinto, un motivo que Picasso venía explorando ya en esos mismos años en sus grabados de la llamada Suite Vollard, y que se convertiría en uno de los temas centrales de toda su producción de los años treinta, culminando poco después en obras de gran ambición como Minotauromaquia.
La revista Minotaure, publicada hasta 1939, se convirtió en una de las plataformas más influyentes del surrealismo tardío, combinando arte, etnografía, psicoanálisis y literatura en un formato lujoso que atrajo a colaboradores de la talla de Dalí, Man Ray o el propio Miró, además de Picasso.
Conservada en el Museum of Modern Art de Nueva York, esta maqueta original permite observar de cerca la técnica de collage tridimensional que Picasso dominaba ya con absoluta libertad a comienzos de los años treinta, mucho más allá de sus primeros experimentos cubistas de dos décadas antes.
El editor Albert Skira, responsable de lanzar Minotaure junto a Tériade tras la desaparición de otra revista de arte que ambos habían dirigido previamente, apostó desde el primer número por una calidad de impresión y de reproducción de imágenes muy superior a la habitual en las publicaciones surrealistas anteriores, más artesanales y de tirada limitada. Esa apuesta editorial, unida a la participación de artistas de la talla de Picasso, Dalí o Man Ray en portadas e ilustraciones interiores, convirtió a Minotaure en una revista de referencia no solo para el círculo surrealista estricto, sino para todo el público culto interesado en el arte contemporáneo europeo de los años treinta, alcanzando una influencia y una difusión muy superiores a las de otras publicaciones de vanguardia de la época.
El motivo del minotauro, elegido para bautizar la revista precisamente por su carácter de criatura híbrida, mitad hombre mitad bestia, resultaba especialmente adecuado como emblema del propio proyecto surrealista, empeñado en explorar las zonas fronterizas entre razón e instinto, entre civilización y pulsión animal. Picasso, que llevaba ya años fascinado por esta figura mitológica, encontraría en ella durante toda la década siguiente uno de sus alter ego más recurrentes, culminando pocos años después en la Minotauromaquia de 1935 y en la propia composición del Guernica, donde el toro conserva ecos directos de esa misma obsesión iconográfica iniciada, en cierto modo, con este sencillo collage para una portada de revista.