Diego Velázquez - El conde-duque de Olivares

Año 1635
Oleo sobre lienzo, 67 x 54,5 cm San Petersburgo, Museo Estatal del Ermitage

Diego Velázquez - El conde-duque de Olivares

Este retrato es el más desenvuelto que hizo Velázquez al condeduque de Olivares. Ante un fondo neutro, la sencilla imagen de medio busto muestra, en relación con las imponentes representaciones de mediados de los años veinte, un Olivares de rostro hinchado y cansado, claramente envejecido y abrumado por el peso del poder. La nariz es aplastada y la boca, de labios apretados y retraídos, como si no tuviese dientes, esboza una leve y amarga sonrisa, mientras que la mirada es recelosa.

El cuadro ha sido considerado por muchos críticos como la imagen por antonomasia de la decadencia del condeduque, que, después de muchos años de luchas y de gobierno, escribía ya en 1640: "No me queda más aliento que para morir, en medio de tantas y tan profundas dificultades y adversidades".

Olivares lleva un sencillo traje negro y una gorguera blanca. La gama cromática se basa en la combinación de pocos grises argentados negros. El fondo es gris plata, avivado opor algunos toques amarillentos y verde oliva. La mejillas del pálido rostro de Olivares son de una tonalidad gris casi fría, con un toque rojo apenas perceptible en los labios. Una cinta negra cubre la cruz de Alcántara bordada en el jubón; el cabello es castaño oscuro y la gorguera es de un gris azulado.

El cuadro de San Petersburgo, casi con toda seguridad un estudio del natural que serviría para uso del taller, se repite en versiones algo distintas en una miniatura en cobre conservada en el Palacio Real de Madrid y en diversos lienzos que, sin embargo, son simples copias u obras de taller.

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