Rembrandt - Mujer joven bañándose en un arroyo

Año 1654
Óleo sobre lienzo, 61,8 x 47 cm Londres, National Gallery Firmado y fechado "REMBRA1NDT F 1654"

Rembrandt - Mujer joven bañándose en un arroyo

Los problemas que suscita este cuadro son muy similares a los de la Mujer joven en el lecho de Edimburgo: la imagen, de tono íntimo y espontáneo, ha sido interpretada como un retrato de Hendrickje o como un tema de la historia sagrada.

En la pequeña tabla se ve a una mujer que baja a bañarse en el agua; mientras con las manos se levanta los bajos de la camisa, avanza con pasos cautelosos escrutando el fondo del arroyo. La sonrisa apenas indicada no se debe, como se ha dicho, a la observación de su propio reflejo en el agua, sino más bien a la atrayente idea del baño. Si, como se cree, la escena representada está extraída de las historias sacras, se puede pensar que se trate del baño de Betsabé: en 1654 pintó Rembrandt también el gran cuadro del Louvre en el cual Betsabé medita sobre la carta de amor de David. En las dos pinturas, efectivamente, aparece el elemento del vestido de brocado abandonado en la orilla. Admitiendo que la interpretación iconográfica sea correcta, es necesario subrayar que el pintor ofrece dos interpretaciones distintas de la misma historia; en la tablita londinense parece perfilarse el papel negativo de la mujer como maliciosa seductora.

Es posible que el modelo de este cuadro sea una estatua antigua que representa la Mulier impudica reproducida en un grabado. En el pequeño espacio del cuadro, Rembrandt pasa de la apretada modulación de los miembros a la técnica de impasto de la camisa blanca; en algunos puntos aparece la preparación amarillomarrón, mientras que en el arroyo el color parece hacerse líquido como una acuarela. Desde el punto de vista estilístico, la utilización de una técnica así compuesta determina la excepcionalidad de esta tabla.

El pequeño formato y el tratamiento espontáneo del color y de la composición podrían sugerir que se tratara de un simple estudio; sin embargo, Rembrandt no acostumbraba a hacer bocetos al óleo para sus cuadros.

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