Año 1645
Óleo sobre lienzo, 117 x 91 cm San Petersburgo, Museo Estatal del Ermitage Firmado y fechado "REMBRANDT F. 1645"

Sagrada Familia con ángeles – Rembrandt Harmenszoon van Rijn, 1645, Barroco holandés

En el transcurso de dos años, 1645 y 1646, Rembrandt volvió sobre el tema de la Sagrada Familia al menos en tres pinturas. En esta de San Petersburgo, el pintor realizó una sosegada composición de molde clásico, repleta de significados simbólicos.

La Sagrada Familia está representada en el interior del taller de José, como se vislumbra en el fondo. El Niño duerme en una cuna de mimbre, velado por su madre; la Virgen está leyendo la Biblia y de repente levanta los ojos del libro y se vuelve a observar a su Hijo. Acaba de encontrar en las Escrituras un pasaje sobre el Salvador, y su gesto pone de relieve el conocimiento del destino del Niño. Ante esta revelación, la luz divina invade la estancia y del cielo baja una gloria de ángeles. Un angelote desciende sobre María y Jesús con los brazos abiertos, en una actitud de protección que parece sin embargo prefigurar la muerte de Cristo en la cruz y su sacrificio por la salvación de la humanidad. José permanece en penumbra, excluido del mensaje salvífico: parece ocupado en su trabajo, que consiste en modelar un yugo.

Este elemento no es un simple motivo realista: en las profecías del Antiguo Testamento se dice que el Salvador romperá el yugo que oprime al pueblo de Israel.

Esta obra fue pintada apenas tres años después de la muerte de Saskia, esposa de Rembrandt, en un momento en que el pintor criaba en solitario a su pequeño hijo Titus, circunstancia biográfica que añade una resonancia personal muy particular a la ternura doméstica de la escena. La composición se inserta además dentro de una breve serie de tres versiones del mismo tema realizadas en estos dos años, todas ellas construidas sobre el mismo principio de contraste entre la penumbra del taller terrenal de José y la súbita irrupción de la luz celestial, un recurso dramático que Rembrandt había desarrollado con especial maestría en obras bíblicas de esta misma década de madurez creativa.

El motivo del yugo que José modela en su taller remite directamente a una imagen profética recogida en el libro de Jeremías, que anuncia la liberación futura del pueblo de Israel de sus opresores, un recurso simbólico muy del gusto de la tradición pictórica holandesa protestante, que gustaba de tejer referencias veterotestamentarias dentro de escenas del Nuevo Testamento. Esta pintura llegó a Rusia como parte de las grandes campañas de adquisición de arte europeo impulsadas por la corte imperial a lo largo del siglo XVIII, que reunieron en San Petersburgo una de las colecciones de pintura holandesa del Siglo de Oro más importantes fuera de los Países Bajos, hoy custodiada en el Museo del Ermitage. Rembrandt había explorado ya el tema de la Sagrada Familia años antes en formato de grabado, un medio que le permitía difundir sus composiciones religiosas con mayor rapidez entre coleccionistas y estudiosos de toda Europa, y estas planchas circularon ampliamente incluso después de que el pintor abandonara temporalmente el tema para dedicarse a otros encargos. Esta escena doméstica y luminosa contrasta deliberadamente con el tono mucho más dramático que Rembrandt había dado a otras composiciones bíblicas de la misma década, recordándonos que el pintor era capaz de moverse con igual maestría entre el patetismo más intenso y la ternura familiar más contenida. Esta ternura íntima, tan alejada del dramatismo de otras escenas bíblicas del pintor, sigue conmoviendo hoy a los visitantes del Ermitage que se detienen ante ella. El propio Ermitage exhibe hoy esta pintura junto a otras obras neerlandesas de la misma época, permitiendo al visitante apreciar directamente la evolución del pintor a lo largo de esta década decisiva de su carrera.