Picasso - Mujer de verde (Dora Maar)
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- Pablo Picasso obras de arte
1943-1944
Óleo sobre lienzo, 130 x 97 cm Nueva York, Colección particular

Este cuadro, cuyo título se debe al color del traje-armadura que lleva la modelo, forma parte de la serie de retratos de medio busto que tienen como protagonista a la fotógrafa Dora Maar, con quien Picasso mantuvo una larga y tumultuosa relación desde mediados de los años treinta. Dora fue una constante fuente de inspiración para el artista, además de un tema privilegiado en buena parte de sus cuadros de aquella década y de la siguiente.
Apasionada de la fotografía, Dora Maar documentó de primera mano el proceso creativo del Guernica, inmortalizando al propio Picasso en pleno trabajo sobre el gran mural, y fue además protagonista de una larga serie de retratos, a partir de los ejecutados en el verano de 1937 en Mougins y durante todo el año 1938, entre ellos Mujer sentada con sombrero o Mujer sentada en el jardín. Antes de conocer a Picasso, presentada por el poeta Paul Éluard, Dora ya era una fotógrafa reconocida dentro del círculo surrealista parisino, con una obra propia que exploraba el fotomontaje y la imagen onírica.
En este retrato, la exactitud del espacio perspectívico, bien definido por líneas escuadradas y por extensiones cromáticas que delinean con precisión los contornos y las sombras, hace de contraposición al busto de la modelo, marcado por una alternancia continua de espacios cóncavos y convexos, que crea un ritmo y una pulsación visual capaces de dar vida a la expresión del rostro.
Pintado entre 1943 y 1944, en plena ocupación alemana de París, este retrato pertenece a los últimos años de la relación entre Picasso y Dora Maar, un vínculo que se prolongaría formalmente todavía algún tiempo más pero que ya empezaba a resentirse de las tensiones propias de aquellos años tan difíciles, marcados por la guerra, la escasez y la creciente presencia en la vida del pintor de otras mujeres, como la joven pintora Françoise Gilot.
La combinación de rigor geométrico y expresividad emocional que caracteriza toda esta serie de retratos convierte a Dora Maar en una de las figuras femeninas más reproducidas y estudiadas de todo el arte del siglo XX, no solo como musa del pintor sino también, cada vez más, como artista por derecho propio, reivindicada hoy de manera independiente por la historiografía del arte.
Conservado en una colección particular de Nueva York, este retrato permite apreciar la enorme capacidad de Picasso para transformar un mismo rostro, retratado decenas de veces a lo largo de casi una década, en un repertorio prácticamente inagotable de soluciones formales.
Estos años de la Ocupación fueron especialmente duros para Dora Maar, que vivió con angustia el aislamiento de París bajo el régimen nazi y las crecientes dificultades materiales de la época, al tiempo que su relación con Picasso entraba en una fase de progresivo deterioro. Tras la ruptura definitiva con el pintor, ya en la segunda mitad de los años cuarenta, Dora Maar atravesaría un periodo de profunda crisis personal, del que emergería años después dedicada casi exclusivamente a la pintura y a una vida cada vez más retirada.
La reivindicación actual de Dora Maar como fotógrafa y artista de pleno derecho, y no solo como una de las célebres musas de Picasso, refleja un cambio más amplio en la historiografía del arte del siglo XX, cada vez más atenta a recuperar la obra propia de mujeres artistas que durante décadas quedaron relegadas a un papel secundario frente a sus compañeros más famosos.
Este mismo cambio de perspectiva ha llevado a numerosos museos internacionales a organizar en las últimas décadas exposiciones monográficas dedicadas exclusivamente a la fotografía de Dora Maar, presentándola por fin como una creadora con voz propia dentro de la vanguardia surrealista.