Bartolomé Esteban Murillo - Muchacha con flores

Año de 1670 a 1675
Óleo sobre lienzo, 119 x 96 cm Londres, Dulwich Gallery

Bartolomé Esteban Murillo - Muchacha con flores

Este lienzo es todo frescura y vitalidad. Se diferencia de la mayoría de las demás pinturas de género en que no retrata a un niño sino a una hermosa muchacha que ha abandonado la niñez y está en la flor de la juventud. Encierra además un carácter trascendental que no es frecuente en este tipo de pinturas. Son inhabituales en Murillo tanto la mirada, que se cruza directamente con la del espectador, como el gesto de ofrecer algo.

La muchacha, sentada sobre un parapeto, ofrece risueña a los transeúntes las flores que lleva en su chal. Un pañuelo recoge su revuelta cabellera, junto a una flor que la adorna, como es costumbre entre las mujeres andaluzas. Varios son los mensajes que se identifican con la pintura. Las rosas son símbolo de la fugacidad de la vida; en el cuadro de Murillo, han comenzado a deshojarse. Su significado simbólico era muy frecuente en los cuadros de vanitas, y no pasaría inadvertido a cualquier conocedor de su tiempo. Otro significado más rebuscado relacionaría a esta delicada muchacha con Flora, la famosa cortesana romana. Solía representarse a Flora siguiendo la descripción de Cesare Ripa en su Nova Iconología (1603) como "coronata di fiori, de' quali ha aneo piene le maní", tal y como aparece en la obra de Murillo. Cierto es que Flora suele mostrarse parcialmente desnuda, y que la muchacha de Murillo es aparentemente púdica, pero de ser correcta esta interpretación, vendría explicada por la severidad moral de la Sevilla de aquel tiempo.

La Muchacha con flores escondería entonces un mensaje amoroso moralizador, tal vez previniendo a la juventud del peligro del amor ilícito. Sea cual fuere su mensaje original, el lienzo es una maravillosa obra de arte per se. Los colores rosas, blancos y salmón que componen la muchacha realzan su belleza sobre la ligera penumbra que la rodea. La técnica es ligerísima, impresionista, como se aprecia en las pinceladas visibles de la falda y la camisa. La coloración, una de las más bellas de toda la obra del pintor.

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