Bartolomé Esteban Murillo - La Virgen del Rosario con el Niño

Año Hacia 1650
Óleo sobre lienzo, 166 x 125 cm Castres, Museo Goya (depósito del Museo del Louvre)

Bartolomé Esteban Murillo - La Virgen del Rosario con el Niño

Del tema de la Virgen con el Niño existe más de una docena de cuadros atribuidos a Murillo. No obstante, este tipo de obra no es abundante en la pintura española, a pesar de la fuerte tradición mariana del país.

Si bien existen pinturas de la Virgen con el Niño de Zurbarán y Alonso Cano anteriores a las del pintor sevillano, nada hace suponer que Murillo se dejara influir por ellas, como demuestran las interpretaciones diferentes nterpretaciones del tema, en las que el artista nunca se repite.

La Virgen del Rosario con niño estaba probablemente destinada a un oratorio privado, como se deduce de su tamaño. El cuadro llegó a las colecciones reales francesas antes de la Guerra de Independencia, al ser comprado en 1784 por Luis XVI por una fuerte suma. Existe una versión muy similar en el Palacio Pitti de Florencia, quizá un poco anterior.

La Virgen aparece sentada sobre una escalera de mármol, recurso frecuente desde el Renacimiento, envuelta en magníficos ropajes partidos que caen abultadamente a su alrededor. Está tocada con un velo y dirige una mirada entre contemplativa y melancólica al espectador. En el regazo de su madre, el Niño, vestido con una camisilla, juega con el rosario entre las manos, coronada su cabeza por una ligera aureola que señala su origen divino. De especial ternura es la forma en la que la Virgen acaricia con su mano derecha el pie de su hijo. El fuerte claroscuro le sirve al pintor para recortar las figuras sobre un fondo oscuro y para resaltar la belleza cromática de los elegantes ropajes, en los que se alternan los tradicionales tonos rojo y azul de la Virgen con el blanco listado del chal.

Murillo logra en este lienzo una de las más serenas y equilibradas composiciones de la Virgen del Rosario con el Niño de toda su obra. A la interpretación devocional del tema se le añade el naturalismo con el que retrata la belleza femenina y la gracia infantil.

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