Año hacia 1501-1505
Tiza negra, albayalde y difumino sobre papel, 141,5 x 104 cm Londres, National Gallery

Santa Ana, la Virgen, el Niño y san Juanito (Cartón de Burlington House) – Leonardo da Vinci, hacia 1501-1505, Alto Renacimiento

En el siglo XVIII, este cartón era propiedad de la familia Arconati de Milán, de la que pasaría a Venecia y sería vendido a Robert Udny en 1763. Después de pasar por Burlington House y la Royal Academy, en 1966 llegó a la National Gallery de Londres.

El cartón, estilísticamente cercano a la Última Cena, nos recuerda las imponentes figuras de los apóstoles. Representa sin duda la producción más clasicizante de toda la obra de Leonardo, tanto que llevó a una parte de la crítica a decir, ingeniosamente, que la grandeza de estas figuras fue inspirada por alguna escultura clásica. Leonardo se esforzó en reproducir una sensación policéntrica de movimiento, haciendo de manera que los dos personajes se fundieran en un único conjunto, coronado por la cabeza de santa Ana.

El cartón se considera con razón superior al ejemplar pintado que se conserva en el Louvre. En los estudios gráficos a él referidos, y señaladamente en uno conservado en el Louvre, es clara la intención de Leonardo de utilizar invertido el mismo cartón, ya empleado para el brazo derecho de Pedro en la Cena.

El museo parisiense conserva diversos dibujos que marcan las etapas de la gestación del cartón y evidencian cuánto meditó Leonardo sobre esta composición. Están representadas las tres generaciones de la familia de Cristo: santa Ana tiene a su hija María en las rodillas y esta sostiene al Niño, que se vuelve hacia san Juanito. La imagen, por la armonía de las formas y por el contenido lirismo de los sentimientos, es una de las expresiones más sublimes del artista.

Este cartón, ejecutado a gran escala mediante tiza negra, albayalde y difumino sobre papel, representa una técnica preparatoria fundamental en el proceso creativo de Leonardo, empleada para transferir después la composición definitiva a la superficie pictórica mediante el sistema de perforación y estarcido. Su extraordinario estado de conservación, poco habitual para un dibujo de estas dimensiones y de una antigüedad de más de cinco siglos, ha permitido a los historiadores del arte estudiar directamente el proceso mental de Leonardo en un grado de detalle excepcional, revelando correcciones y ajustes que la versión pintada del Louvre, más pulida y definitiva, ya no conserva visibles.

La National Gallery de Londres exhibe este cartón en una sala especialmente acondicionada para proteger su delicada superficie de tiza y albayalde, testimonio del extraordinario valor que la institución concede a esta obra, considerada por buena parte de la crítica como una de las cumbres absolutas del dibujo renacentista, comparable en importancia a las grandes composiciones pintadas de Leonardo pese a no haber trascendido nunca la fase de estudio preparatorio. Los especialistas coinciden en señalar que pocas obras del Renacimiento italiano transmiten con tanta intensidad la meditación prolongada de un artista sobre un mismo tema compositivo, proceso que este cartón documenta de manera excepcionalmente completa gracias a su extraordinario estado de conservación. El estado de conservación excepcional de este cartón, atribuible en parte a su cuidadosa custodia a lo largo de los siglos por sucesivos coleccionistas privados, permite hoy a los especialistas estudiar directamente las técnicas de difuminado y modelado que Leonardo perfeccionó a lo largo de toda su carrera. Un testimonio incomparable del proceso mental de uno de los mayores genios del Renacimiento italiano. Pocas obras del Renacimiento documentan tan bien la lenta maduración de una idea compositiva a lo largo de años de reflexión artística. Cinco siglos después, este cartón sigue transmitiendo intacta toda la ternura contenida en su composición piramidal. Una obra maestra silenciosa, hecha solo de tiza y de tiempo.