El Greco - Vista y mapa de Toledo
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Año 1608-1614
Óleo sobre lienzo, 132 x 228 cm Toledo, Casa y Museo del Greco
Movimiento artístico: Manierismo

Este fascinante lienzo, muy distinto en concepción de la célebre Vista de Toledo del Metropolitan Museum, procede del palacio arzobispal de la ciudad, donde todavía se encontraba a comienzos del siglo XIX. Todo apunta a que su primer propietario fue Pedro Salazar de Mendoza, administrador del Hospital Tavera y gran apreciador de la obra de El Greco, una hipótesis que refuerza el relieve tan destacado que el propio hospital ocupa en la composición, representado sobre una nube en primer plano como si de una maqueta arquitectónica se tratara.
La obra ofrece al espectador un punto de vista múltiple realmente insólito. Además de la representación perspectiva habitual de la ciudad, incorpora un detallado plano urbano que un joven, situado en el extremo derecho del lienzo, sostiene junto a una larga inscripción explicativa. Durante mucho tiempo se pensó que aquel muchacho era un retrato de Jorge Manuel, el hijo del pintor, aunque este ya contaba treinta años cumplidos en la fecha probable de ejecución de la obra, lo que hace poco plausible una representación literal de su aspecto en ese momento. Nada impide, sin embargo, pensar que El Greco plasmara de memoria los rasgos juveniles del hijo al que tanto afecto profesaba, evocando quizás una imagen anterior más que retratando su apariencia real y contemporánea.
En la parte izquierda del lienzo destaca una alegoría del río Tajo, representada como una escultura clásica que vierte agua de un ánfora, símbolo de la prosperidad que el río aportaba a la ciudad. En lo alto de la composición, la Virgen se aparece a san Ildefonso para entregarle la casulla, según la antigua leyenda toledana que el propio El Greco había representado también, de manera independiente, en el San Ildefonso pintado para el hospital de Illescas. El obispo, patrón de la ciudad y muerto en el año 667, había defendido en un tratado teológico la virginidad perpetua de María, que como compensación se le apareció en dos ocasiones, la primera con el libro escrito por el santo entre las manos, la segunda para imponerle personalmente la casulla durante la celebración de la fiesta de la Asunción en la catedral toledana.
Esta vista de Toledo, cargada de significados alegóricos que combinan lo geográfico, lo religioso y lo dinástico, refleja el gusto compartido de El Greco y de su culto comitente por el paisaje puro, un género todavía poco desarrollado en la pintura española de la época. La ciudad aparece representada en toda su grandiosidad, torres, palacios, castillos, iglesias y el propio Alcázar, todos ellos construidos en austera piedra gris y rodeados por las viejas murallas, mientras el río corre impetuoso entre puentes y huertos. Sobre todo el conjunto, un vasto cielo azul y nuboso parece envolver y proteger simultáneamente a la ciudad entera.
La crítica ha discutido durante décadas hasta qué punto estas vistas de Toledo son fieles a la realidad topográfica, concluyendo finalmente que El Greco inventaba libremente edificios y alteraba deliberadamente su ubicación real cuando la composición así lo exigía, una libertad interpretativa que convierte a estas obras en algo mucho más ambicioso que un simple documento urbanístico, una auténtica meditación visual sobre la identidad simbólica de la ciudad que el pintor había hecho suya.
La inclusión de un plano detallado dentro de una obra pictórica resulta, además, un recurso técnico poco frecuente en la pintura de la época, que emparenta esta obra con la tradición cartográfica y corográfica renacentista más que con el género puramente paisajístico. Esa hibridación entre mapa, alegoría religiosa y vista panorámica convierte a esta pintura en un objeto casi enciclopédico, capaz de condensar en un único lienzo la geografía, la historia legendaria y la topografía contemporánea de Toledo, un logro compositivo que exigía un comitente tan culto y tan implicado personalmente con la ciudad como debió de serlo Pedro Salazar de Mendoza.
Contemplada hoy en la Casa y Museo del Greco, instalado en el antiguo barrio judío de Toledo donde el pintor residió durante buena parte de su vida adulta, esta Vista y mapa de Toledo permite entender mejor la complejidad intelectual con la que El Greco abordaba incluso los encargos aparentemente más descriptivos, transformando lo que podría haber sido un simple documento topográfico en una obra cargada de múltiples capas de significado simbólico y personal.