Año 1607-1613
Óleo sobre lienzo, 348 x 174,5 cm Toledo, Museo de Santa Cruz
Movimiento artístico: Manierismo

La Asunción (Inmaculada Concepción) – El Greco, 1607-1613, Manierismo

El proyecto decorativo de la capilla de Isabel de Oballe, en la iglesia toledana de San Vicente, no había nacido inicialmente pensado para El Greco. Las obras habían comenzado en 1597, y en 1606 el concejo de Toledo adjudicó el contrato de la decoración a Alessandro Semini, un pintor genovés que, tras su muerte en 1607, dejó el proyecto inconcluso. El Greco asumió entonces el encargo, introduciendo propuestas alternativas que incluían elevar la altura del propio retablo, sustituir la decoración al fresco originalmente prevista por lienzos al óleo, y situar una Visitación de forma circular enmarcada en el techo de la capilla.

El contrato exigía expresamente que Doménico ejecutara toda la pintura «de su mano y no de otros», una cláusula que revela el enorme prestigio del que gozaba el pintor en estos años finales de su carrera. Diego de Mesa, miembro del concejo toledano, llegó a declarar que tenía a Doménico Greco por uno de los hombres más excelentes en el arte de la pintura de todo el reino y también fuera de él, un testimonio contemporáneo de gran valor que desmiente la imagen de un artista incomprendido en su propio tiempo. La Asunción, terminada en 1613, permaneció en su emplazamiento original hasta 1961, año en que fue trasladada al Museo de Santa Cruz de Toledo, mientras que la Visitación destinada a la bóveda nunca llegó a colocarse, quizás por cambios sobre la marcha en el propio proyecto decorativo, y se conserva hoy en la Dumbarton Oaks Research Library and Collection de Washington.

Esta gran Asunción, esbelta y monumental, se cuenta entre las composiciones más líricas y sugestivas de toda la producción de El Greco. La Virgen asciende al cielo envuelta en un remolino de luz, rodeada de coros angélicos que siguen sus mismas líneas serpenteantes hasta el vértice de la composición, donde resplandece el Espíritu Santo. Entre los querubines se mezclan grandes ángeles de cuerpos alargados, envueltos en vestiduras luminosas y multicolores, mientras que abajo, bajo un cielo tempestuoso, se despliega una vez más la ciudad de Toledo, reconocible por el castillo de San Servando, el puente de Alcántara y la torre de la catedral, con otro fragmento de paisaje distinto visible a lo lejos, a la derecha de la composición.

¿Es esta obra una Asunción o una Inmaculada Concepción? La pregunta no es baladí. El gran ramo de rosas y lirios que aparece en la composición podría servir simplemente para destacar la esfera terrenal en contraste con la celestial, pero también remite directamente al rosal presente en la iconografía tradicional tanto de la Asunción como de la Inmaculada. Resulta revelador que en los inventarios de bienes que Jorge Manuel redactó en 1614 y 1621 no aparezca ninguna Asunción, sino únicamente imágenes de la Inmaculada, lo que sugiere que El Greco pudo mezclar deliberadamente ambas iconografías marianas en una sola composición.

Igualmente fascinante resulta la Visitación que completaba el conjunto, cuya densidad cromática y tratamiento volumétrico ha llevado a algunos críticos a señalar sorprendentes tangencias con las composiciones juveniles de Paul Cézanne, uno de los muchos paralelismos que la crítica moderna ha establecido entre el pintor cretense y el arte de vanguardia surgido siglos después de su muerte.

Que El Greco heredara un proyecto ya iniciado por otro pintor y lograra imponer, pese a ello, cambios tan sustanciales en su concepción original, dice mucho sobre la autoridad artística que había alcanzado en la Toledo de comienzos del siglo XVII. Pocos pintores extranjeros habrían tenido la capacidad de convencer a un concejo municipal para transformar radicalmente un encargo ya adjudicado, sustituyendo el fresco por el óleo sobre lienzo y reorganizando la propia disposición de las escenas dentro de la capilla, una prueba más de la posición privilegiada que el pintor había logrado consolidar tras décadas de trabajo continuado en la ciudad.

El destino separado de las dos grandes piezas de este conjunto, la Asunción permaneciendo en Toledo hasta bien entrado el siglo XX y la Visitación cruzando el Atlántico hasta Washington, ejemplifica una vez más el patrón de dispersión que ha afectado a tantos conjuntos decorativos de El Greco, obligando hoy a los estudiosos y a los propios visitantes a reconstruir mentalmente, a partir de reproducciones, la experiencia unificada que estas obras ofrecían originalmente dentro de un mismo espacio arquitectónico.