Vincent van Gogh - La Mousmé sentada
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- Vincent van Gogh obras de arte
1888
Óleo sobre lienzo,
74 x 60 cm
Washington, National Gallery of Art

El cuadro representa a una joven de Arlés a la que el artista daba el nombre de La Mousmé, tomado directamente de un personaje de la novela de Pierre Loti titulada Madame Chrysanthème, ambientada en Japón y muy popular entre los círculos artísticos parisinos de la época. A Van Gogh siempre le había atraído el retrato, un género que hacia el final de su vida llegaría a constituir su interés casi principal, por encima incluso de los paisajes que hoy lo hicieron célebre.
La imagen se organiza a la manera tradicional, con la modelo posando ante un fondo monocromo, que el artista construye mediante breves y espesos trazos de pincel que se cruzan en ángulo recto, simulando la estructura de un tejido. La muchacha aparece de tres cuartos y su figura atraviesa en diagonal toda la superficie pictórica. Vuelve hacia el pintor una mirada pensativa y titubeante, y en la mano sostiene un ramo de flores de almendro o de melocotonero, uno de los motivos que Vincent había pintado en decenas de versiones distintas durante esa misma primavera.
Su vestimenta se convierte para el artista en un pretexto para un auténtico juego decorativo: la larga fila de botones rojos del corpiño de listas verticales prolonga la gran nube de grandes lunares de la falda, que parecen flotar sobre la masa oscura del vestido. Como ya había experimentado en otras ocasiones, Van Gogh limita aquí su paleta a pocos colores, sabiamente dosificados y alternados sobre la superficie: al fondo verde se contrapone la dominante roja del traje de la muchacha, con la que alternan detalles blancos y negros y el rosado del rostro y las manos.
La silla oscura, con sus formas curvas y aéreas, rodea a la figura trazando arcos ornamentales ante el fondo pálido, cerrando por lo demás el espacio vacío situado a la derecha de la composición. Esta atención al mobiliario como elemento decorativo pleno de significado es característica de toda la serie de retratos arlesianos de Van Gogh, en los que sillas, fondos y vestimentas dejan de ser meros complementos para convertirse en parte activa del lenguaje pictórico.
Van Gogh pintó dos versiones prácticamente idénticas de este mismo retrato, una de las cuales envió a su hermano Theo junto con una carta en la que describía con entusiasmo el proceso de captar a esta joven, cuyo nombre real nunca llegó a conocerse, en apenas una sesión de posado relativamente breve para los estándares habituales del pintor.
Conservada en la National Gallery of Art de Washington, esta obra pertenece al conjunto de retratos arlesianos que Van Gogh realizó entre 1888 y 1889, un periodo de extraordinaria intensidad creativa en el que el pintor buscaba, retrato tras retrato, capturar algo del carácter íntimo de cada uno de sus modelos ocasionales.
La novela de Pierre Loti que da nombre a esta pintura, Madame Chrysanthème, publicada en 1887, narraba las impresiones de un oficial de marina francés destinado temporalmente a Japón, y formaba parte de la moda japonista que recorría entonces toda Europa, desde la literatura hasta las artes decorativas, pasando por la propia pintura de Van Gogh, que coleccionaba con auténtica pasión estampas ukiyo-e y llegó incluso a copiar directamente varias composiciones de Hiroshige durante su etapa parisina. Esa fascinación por el arte japonés, que Van Gogh compartía con buena parte de la vanguardia francesa de la época, explica en parte por qué el pintor decidió aplicar el nombre exótico de una novela ambientada en el Japón imaginado por Loti a esta joven arlesiana, en un gesto que mezclaba la observación directa de la realidad local con las fantasías literarias y estéticas que circulaban en los círculos artísticos parisinos de finales del siglo XIX.