Picasso - Arlequín (Retrato de Jacinto Salvado)

Detalles
Pablo Picasso obras de arte
13 Octubre 2015
16 Agosto 2026

1923
Óleo sobre lienzo, 130 x 97 cm París, Musée National d'Art Moderne, Centre Georges Pompidou

Después de sus continuos viajes con su amigo el pintor Georges Braque, primero a los Pirineos orientales y después al sur de Francia, Picasso se dirigió a Italia, Roma, Nápoles y Pompeya, donde halló nueva inspiración para la vuelta a una figuración más naturalista y para la recuperación de un estilo clasicizante. En Picasso, sin embargo, el descubrimiento de los antiguos no tiene nada que ver con la retórica del regreso al orden, sino más bien con un acercamiento muy personal al dibujo lineal de Ingres, al que admiraba profundamente.

El pintor catalán Jacinto Salvado es retratado en varias ocasiones por Picasso con el traje de arlequín que el propio Jean Cocteau había dejado olvidado en el estudio de la rue Schoelcher en 1916, tras una de sus visitas. El cuadro demuestra la evidente atención que Picasso presta en estos años a un lenguaje lo más neoclásico posible, muy alejado de la fragmentación cubista de la década anterior.

La técnica utilizada en la obra, que parece deliberadamente inacabada en algunas zonas, busca obtener luces y sombras perfectas sobre un cuerpo bien proporcionado, y tiende a hacer preceder la aplicación del color de un dibujo previo muy bien organizado: el cuerpo y el traje están dibujados con minuciosidad, mientras que la cabeza se perfecciona sobre todo mediante el color, aplicado en una fina trama de pinceladas.

La figura del arlequín, procedente de la tradición de la commedia dell'arte italiana, se convierte en estos años en una suerte de alter ego recurrente para Picasso, que la había utilizado ya con frecuencia durante su periodo rosa y que seguiría empleando, con variaciones, hasta bien entrada su madurez. Muchos historiadores del arte han visto en esta figura ambigua, mitad cómica mitad melancólica, un reflejo velado de la propia posición del artista frente al mundo, siempre a caballo entre el espectáculo público y la introspección más privada.

Este periodo neoclásico de Picasso, que se prolonga aproximadamente entre 1917 y mediados de los años veinte, coincide además con su intensa colaboración con los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev, de donde procede precisamente este mismo traje de arlequín, y con su matrimonio con la bailarina Olga Khokhlova, celebrado en 1918, un episodio biográfico que sin duda influyó también en el giro hacia una figuración más clásica y serena.

Conservado en el Centre Georges Pompidou de París, este retrato permite observar la extraordinaria versatilidad estilística de Picasso, capaz de moverse con total naturalidad entre la fragmentación cubista y la elegancia lineal del clasicismo, a menudo dentro de un mismo periodo de su carrera.

Jacinto Salvado, cantante lírico de origen catalán afincado en París, fue durante estos años uno de los modelos preferidos de Picasso, que lo retrató en múltiples ocasiones y con distintos disfraces, no solo el de arlequín sino también, en otras composiciones, ataviado con hábito de fraile o con vestimentas de aire clásico. Esta relación entre pintor y modelo, prolongada durante varios años, permitió a Picasso ensayar sobre un mismo rostro variaciones formales muy distintas, en una suerte de laboratorio personal de estilos que recuerda, en cierto modo, el uso que hacía Rembrandt de sus propios discípulos y familiares como modelos recurrentes.

El propio Jean Cocteau, poeta, cineasta y figura central de la vanguardia parisina de estos años, mantuvo con Picasso una amistad y una colaboración artística que se prolongaría durante décadas, mucho más allá del episodio concreto del traje de arlequín que da origen a este retrato.

Ambos compartían además un interés común por el mundo del circo y del espectáculo popular, un terreno de encuentro que explica en parte la naturalidad con la que Picasso volvía, una y otra vez, a estos personajes de la comedia italiana a lo largo de toda su carrera.

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