Picasso - Parade (telón)
- Detalles
- Pablo Picasso obras de arte
1917
Temple, 1,06 x 1,724 metros París, Musée National d'Art Moderne, Centre Georges Pompidou
En febrero de 1917, Picasso se trasladó a Roma para seguir a la troupe de los Ballets Rusos y allí realizó la mayor parte de los bocetos para la escenografía y el vestuario que le había encargado Jean Cocteau para el ballet Parade. Durante su estancia romana, el artista conoció a los futuristas italianos, que lo ayudaron a realizar el enorme telón y algunos de los trajes más extraños de toda la producción.
El tema del telón parece ser una fiesta de arlequines y personajes del circo, semejantes a los que poblaban los cuadros de saltimbanquis de las épocas rosa y precubista del propio Picasso. Una gran yegua blanca lame a su potrillo; una bailarina, de pie sobre la grupa del animal, juega con un mono encaramado a una escalera. A la derecha, un grupo de acróbatas y arlequines mira a la bailarina, mientras un perro duerme junto a sus instrumentos. En el fondo se ve un paisaje en el que se vislumbran algunas ruinas antiguas, y dominan en la escena el rojo y el verde, colores que Picasso pudo apreciar de cerca en sus visitas a los frescos de Pompeya durante ese mismo viaje italiano.
El estilo en que se ejecutó el telón difiere notablemente del que luego guiaría al artista en la realización de los trajes: elevadas esculturas y cuerpos alargados o deformes cubrían casi por entero a los actores, de los cuales solo se veían las piernas, resultando así desgarbados y difícilmente identificables sobre el escenario. El público se quedó estupefacto ante semejante collage informe de lenguajes y técnicas artísticas tan distintas entre sí.
Parade se estrenó el 18 de mayo de 1917 en el Théâtre du Châtelet de París, con música de Erik Satie y coreografía de Léonide Massine, en una producción que reunía por primera vez a algunos de los talentos más innovadores del momento bajo la bandera común de los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev. El propio Guillaume Apollinaire, en las notas que escribió para el programa de mano del estreno, empleó por primera vez el término surrealismo para describir el espíritu de la obra, años antes de que André Breton lo convirtiera en el nombre de todo un movimiento artístico.
El estreno provocó un considerable escándalo entre el público parisino, poco acostumbrado a ver el lenguaje cubista trasladado a la escena de un ballet, pero con el tiempo Parade se convertiría en una de las colaboraciones más celebradas entre las vanguardias pictóricas y las artes escénicas de comienzos del siglo XX.
Conservado en el Centre Georges Pompidou de París, este enorme telón sigue siendo hoy uno de los testimonios más espectaculares de la breve pero intensa incursión de Picasso en el mundo del teatro y la danza.
El vestuario diseñado por Picasso para Parade resultaba tan voluminoso y rígido, construido a partir de estructuras de cartón y madera que envolvían por completo a los bailarines, que estos apenas podían moverse con libertad sobre el escenario, un problema práctico que obligó a Léonide Massine a rediseñar buena parte de la coreografía original para adaptarla a las limitaciones físicas que imponían aquellos trajes cubistas tridimensionales, verdaderas esculturas ambulantes más que disfraces convencionales.
Esta colaboración marcó además el inicio de la relación personal entre Picasso y la bailarina Olga Khokhlova, integrante de la compañía de los Ballets Rusos, con quien el pintor contraería matrimonio apenas un año después, en 1918, iniciando así una nueva etapa tanto en su vida privada como en su producción artística, cada vez más orientada hacia un clasicismo sereno que contrasta con la estridencia formal de este mismo telón.