Bartolomé Esteban Murillo - Adoración de los pastores

Año hacía 1668
Óleo sobre lienzo, 282 x 188 cm Sevilla, Museo Provincial de Bellas Artes

Bartolomé Esteban Murillo - Adoración de los pastores

Otro de los lienzos de la voluminosa serie para el convento de los Capuchinos de Sevilla, esta Adoración decoraba como cuadro de altar una de las capillas laterales de la iglesia. Se trata de una de las últimas interpretaciones de un tema muy repetido a lo largo de la carrera del artista y en el que logró grandes aciertos. Aunque es la única de sus Adoraciones de formato apaisado, en ella se retoman algunos asuntos que el pintor había utilizado ya en el cuadro del mismo tema de la Wallace Collection.

Reaparecen así el pastor que, absorbido en la contemplación del Niño, apoya la mano en el cordero, o la lozana pastora de amplio escote que, cargada con un cesto, dialoga con un niño. Esta pareja, delicadamente pintada a contraluz, reviste particular encanto. El niño no se decide a hacer ofrenda de la gallina y mira a la pastora como pidiendo aprobación, instante que Murillo pinta con su habitual amor por todo lo cotidiano.

La abundancia de personajes la emplea el artista sevillano para plasmar un repertorio de expresiones psicológicas en un entorno de vibrante atmósfera, que diferencia a este cuadro de todas sus demás Adoraciones. La exaltación de lo popular, siempre presente en la pintura del andaluz, aparece en este lienzo en forma de ciclo de la vida, que va desde la infancia hasta la madurez a través de las respectivas figuras del niño, el pastor adulto y el anciano. La iluminación es primorosa, contrastando el foco de luz que penetra en diagonal por la izquierda, y la penumbra del portal de la que sobresale un buey, sólo interrumpida por el gracioso rompimiento de gloria de los dos angelitos.

La pintura estuvo en su emplazamiento hasta la Guerra de la Independencia, durante la cual fue llevada a Gibraltar junto con otras obras de Murillo para evitar su incautación por los franceses. Después de la importante desamortización de bienes religiosos de 1836, pasó al Museo de Bellas Artes de Sevilla.

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