Bartolomé Esteban Murillo - La muerte de santa Clara

Año 1646
Óleo sobre lienzo, 189,5 x 446 cm Dresde, Gemaldegalerie Alte Meister

Bartolomé Esteban Murillo - La muerte de santa Clara

Para algunos historiadores, este lienzo es el último hecho para la serie del claustro chico y el de mayor calidad. El tema aparece en el rótulo y narra cómo a su muerte santa Clara es recibida por la Virgen María, acompañada de un séquito de santas, ataviadas con coronas, vestiduras blancas y palmas del martirio, que la cubren con un manto traído del cielo.

Murillo ve en este asunto una nueva oportunidad de lucir todo su potencial creativo, en la medida en que el tema no se circunscribe a la vida y obra de santos de la orden, dejando un mayor grado de libertad compositiva. El lienzo desarrolla el modelo organizativo de La cocina de los ángeles. Se divide en dos espacios bien diferenciados.

A la izquierda, un interior representa el mundo terrenal, dominado por el lecho donde santa Clara, rodeada de acólitos, acaba de expirar. Sobre un fondo oscuro se recortan elegantemente las figuras de frailes y monjas en una buena muestra del dominio del claroscuro alcanzado por Murillo. El uso del contraluz le sirve al pintor para dotar de dramatismo a la muerte de la santa y para dividir los espacios del lienzo. El fragmento con santa Clara y las dos mártires que se disponen a cubrirla con el manto es uno de los más hermosos de su producción juvenil. Es especialmente bello el contraste lumínico entre las vestimentas blanquecinas de las santas, que anuncian la gloria, y el entorno sombrío donde yace santa Clara.

El lado derecho del cuadro corresponde al mundo celestial y representa el cortejo de mártires que acompañan a la Virgen. A su derecha llama la atención la presencia de Cristo, no mencionado en el rótulo. En esta parte del cuadro se manifiesta ya netamente el estilo y el sentido de belleza de Murillo. La distribución de la luz es más homogénea, y por ello exenta del dramatismo que caracteriza la parte izquierda del cuadro. Sustraído de Sevilla durante la invasión francesa, el cuadro formó parte de varias colecciones privadas en Francia e Inglaterra, antes de ser vendido en 1894 a la galería de pintura de Dresde.

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