Bartolomé Esteban Murillo - Niño espulgándose
Año 1645 - 1650
Óleo sobre lienzo, 137 x 115 cm París. Musée du Louvre
La pintura de género infantil había sido muy poco frecuente en la escuela española hasta Murillo. Aunque existía algún precedente, como el magistral cuadro de El niño patizambo de José de Ribera, el pintor sevillano elabora un estilo personalísimo que entronca con el gusto popular de su época y con la sensibilidad dieciochesca europea. Este tipo de pintura será muy codiciado fuera de España durante todo el siglo XVIII y buena parte del XIX, por lo que contribuirá a acrecentar la fama del pintor hasta extremos insospechados.
Sirva como ejemplo el hecho de que la reina Isabel de Farnesio, gran admiradora de Murillo, fracasara al intentar adquirir alguna pintura de género apenas medio siglo después de la muerte del artista, lo que invita a pensar que por aquel entonces la mayoría ya se había exportado fuera del país.
El interés de Murillo por la representación infantil se halla ya reflejado en el San Diego dando de comer a los pobres, aunque es en este cuadro del Louvre donde se aborda por primera vez este género de forma independiente. El lienzo muestra el interior de una casa abandonada, en la que un niño andrajoso se halla absorto en la tarea de quitarse las pulgas de la ropa. Junto a los restos de marisco del suelo, hay en primer plano un espléndido bodegón de una tinaja y un cesto de frutas. La luz penetra a través de un sencillo ventanuco e ilumina parcialmente la estancia, testimonio del dominio del claroscuro, en el que es patente la influencia de José de Ribera.
Este tipo de escenas de niños mendigos es fácilmente asociable a la rica y fructífera tradición de la novela picaresca del Siglo de Oro español, que las hará muy populares. Sin embargo, aquí se supera la representación puramente pintoresca y muestra en un tono desgarrador pero cargado de humanidad el drama social de un niño de la calle. De ahora en adelante las escenas de género de Murillo mostrarán el lado más lúdico y tierno de la infancia, siendo este primer cuadro, amén de una obra maestra, un caso excepcional dentro del género.
La Sevilla del siglo XVII en la que vivió Murillo era una gran ciudad portuaria con una pobreza urbana muy visible, que proporcionó al pintor modelos reales para este tipo de escenas callejeras. La recepción posterior de estas obras resulta también reveladora: los coleccionistas británicos del Grand Tour del siglo XVIII prefirieron especialmente estas escenas de niños mendigos, lo que explica que hoy exista una concentración mayor de estas obras en museos de Londres y París que en la propia España que las vio nacer.
La Sevilla del siglo XVII en la que vivió Murillo era una gran ciudad portuaria con una pobreza urbana muy visible, que proporcionó al pintor modelos reales para este tipo de escenas callejeras protagonizadas por niños abandonados a su suerte. La recepción posterior de estas obras resulta también reveladora del gusto europeo de los siglos siguientes: los coleccionistas británicos del Grand Tour del siglo XVIII prefirieron especialmente estas escenas de niños mendigos por encima de las composiciones religiosas más solemnes del mismo autor, lo que explica que hoy exista una concentración mucho mayor de estas obras concretas en museos de Londres y de París que en la propia España que las vio nacer y que apenas conservó ejemplos comparables en sus colecciones nacionales. Este primer ejemplo del género, además, marcaría de manera decisiva la trayectoria posterior de Murillo, que a partir de entonces alternaría este tipo de escenas de crudo realismo social con las versiones mucho más amables y risueñas de la infancia callejera que terminarían por hacerle célebre en toda Europa.