Francisco de Goya - El coloso
- Detalles
- Francisco de Goya obras de arte
Hacia 1808
Óleo sobre lienzo, 116 x 105 cm Madrid, Museo Nacional del Prado
No se conoce la fecha exacta de ejecución de esta pintura, pero se tiende a situarla al principio de la Guerra de la Independencia, de cuyos horrores sería prefiguración. Se cita entre los bienes de Goya en el inventario hecho a la muerte de su mujer, en 1812, que por tanto nos sirve de fecha ante quem. Se trata de una de las imágenes más enigmáticas de toda la obra de Goya: el título procede de una estampa análoga.
Un pueblo entero parece huir precipitadamente por la llanura, en plena noche, de un peligro desaforado e inminente: no está claro que este peligro sea el gigante que, levantando un puño amenazador, recorre el horizonte envuelto en las brumas. Podría ser él la causa y por lo tanto identificable con el poder absolutista, o bien con la guerra contra los franceses. Pero se ha indicado que en un poema de Juan Bautista Arriaza, Profecía del Pirineo, de 1808, se describe la aparición de un gigante, genio tutelar de España, que se alza como defensor del país contra los ejércitos napoleónicos. Y de hecho el gigante de Goya no persigue a la población en fuga sino que se dirige en sentido contrario.
El empaste grueso, las pinceladas desunidas y la dominante tonalidad oscura recorrida por estrías pardorosáceas anticipan las soluciones goyescas de la Quinta del Sordo.
La atribución de esta obra a Goya ha sido objeto de debate en la investigación más reciente, con estudios técnicos del propio Museo del Prado que han sugerido la posible intervención de Asensio Julià, colaborador cercano del pintor durante estos años. Con independencia de esta discusión académica, sin resolver de manera definitiva, la imagen sigue siendo uno de los símbolos visuales más poderosos de toda la Guerra de la Independencia española, un conflicto que entre 1808 y 1814 asoló la Península y que Goya documentaría también, décadas después de este cuadro, en la desgarradora serie de grabados Los desastres de la guerra, testimonio directo de los mismos horrores que aquí se intuyen todavía envueltos en la niebla y el misterio.
Con independencia de esta discusión académica sobre la autoría exacta, sin resolver de manera definitiva, la imagen sigue siendo uno de los símbolos visuales más poderosos de toda la Guerra de la Independencia española, un conflicto que entre 1808 y 1814 asoló la Península ibérica y transformó de manera profunda la vida y la obra del propio Goya. El pintor documentaría también, décadas después de este cuadro, en la desgarradora serie de grabados Los desastres de la guerra, testimonio directo de los mismos horrores que aquí se intuyen todavía envueltos en la niebla y el misterio de una noche interminable, sin que el espectador llegue nunca a saber con certeza si el gigante es amenaza o protector de aquel pueblo que huye despavorido por la llanura. La Quinta del Sordo, la casa de campo que Goya adquirió cerca de Madrid en 1819, donde años más tarde pintaría directamente sobre los muros las célebres Pinturas negras, comparte con este Coloso esa misma atmósfera de amenaza difusa y terror colectivo, un hilo conductor que recorre buena parte de la producción más personal y menos complaciente del pintor a partir de esta primera década del siglo XIX, marcada por la invasión francesa y sus consecuencias devastadoras para toda la población española. Sea cual sea la mano exacta que ejecutó los últimos retoques del lienzo, la fuerza icónica de esta imagen ha resistido el paso del tiempo sin perder un ápice de su capacidad de inquietar a quien la contempla por primera vez.