Dalí - Retrato de Paul Éluard

1929
Oleo sobre cartón,
35 x 25 cm
Colección particular

Dalí - Retrato de Paul Éluard

El verano de 1929 es fundamental para Dalí: el año anterior había partido para su segundo viaje a París, esta vez en compañía de su coterráneo Miró, que lo introduce en el grupo de los surrealistas. Éstos se quedan fascinados con el joven artista español, de características absolutamente fuera de lo común, tanto que Magritte y Éluard prometen que irán a verlo a Cadaqués el verano siguiente. Ambos van con sus respectivas esposas y entre la de Éluard, Gala, y Dalí surge una pasión cuya evolución es extensamente narrada en la Vida secreta de Salvador Dalí, que el artista escribirá en 1941 en Estados Unidos, donde se había refugiado al estallar la guerra. Al llegar sus amigos, a los cuales se unirán poco después el galerista parisiense Camille Goemans -con el cual expondrá con gran éxito sus nuevas y extraordinarias obras- y Luis Buñuel, Dalí estaba trabajando en sus primeros y fundamentales cuadros plenamente surrealistas, llenos de imágenes angustiosas brotadas del sueño y de unas obsesiones que hunden sus raíces en la lejana infancia. Los primeros días de la primavera, El juego lúgubre, Los placeres iluminados, La adaptación de los deseos, son algunos de estos cuadros, en los que incluye a veces partes en co-llage. El retrato de Éluard fue empezado mientras el poeta estaba en Cadaqués y terminado después, tras su partida. Está concebido como un busto escultórico, realizado en la piedra correosa de la que están formadas las rocas del cabo de Creus, y suspendido en el aire sobre un paisaje desolado en el cual algunos pocos personajes, microscópicos por efecto de la distancia, realizan acciones al parecer carentes de sentido. Alrededor de Éluard, que parece mirar fijamente con grandes ojos azul celeste, se apiñan las cosas que se convertirán en los habituales fantasmas dalinianos -manos, insectos, amenazadoras fauces leoninas, símbolos fálicos, el rostro sin boca- aquí aliados para unir sus fuerzas, conjugadas para amenazar, en un rito de magia miméti-ca, al rostro de quien ahora ha devenido un rival.

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