Sandro Botticelli - Nastagio degli Onesti III
- Detalles
- Sandro Botticelli obras de arte
Año 1483
Temple sobre tabla, 83 x 138 cm Madrid, Museo Nacional del Prado
Movimiento artístico: Renacimiento italiano
En esta tercera tabla, Nastagio pasa de espectador pasivo a artífice consciente de su propio destino sentimental. Habiendo comprendido el paralelismo entre su situación amorosa y la de los dos atormentados amantes que presenció en el bosque, organiza un elaborado banquete en el mismo pinar donde tuvo lugar la terrible cacería, e invita deliberadamente a la mujer que le rechaza y a sus propios padres, para que todos sean testigos del espantoso desenlace de una historia de amor tan desgraciada como la que él mismo vive en carne propia.
La estrategia de Nastagio resulta tan cruel como calculada, convertir un banquete festivo en el escenario perfecto para que la mujer amada presencie con sus propios ojos las consecuencias últimas del desdén y la crueldad sentimental. A la derecha de la composición, Nastagio se encuentra con la criada de su amada, que le trae la noticia que tanto esperaba, la joven, profundamente conmovida por lo que acaba de presenciar durante el banquete, se declara finalmente vencida y dispuesta a aceptar su amor.
Un detalle heráldico convierte esta escena en algo más que la simple ilustración de un desenlace feliz. Entre los diversos escudos de armas que decoran el espacio del banquete, correspondientes a las familias de los futuros esposos, aparece también, ocupando un lugar central, el escudo de los propios Médicis. ¿Por qué incluir el emblema de una familia ajena a los protagonistas directos de la boda? La respuesta es puramente política, ese escudo recordaba a cualquier espectador que tanto los Bini como los Pucci pertenecían firmemente al partido filomediceo, un gesto de lealtad visual que convertía el encargo nupcial en una discreta pero inequívoca declaración de fidelidad hacia la familia que gobernaba de facto Florencia.
Técnicamente, esta escena destaca por un carácter marcadamente preciosista, muy distinto del tono sobrenatural y dramático de los dos paneles anteriores. El recinto donde se celebra el banquete, los minuciosos detalles descriptivos de la mesa servida, la atención casi miniaturista a los rasgos faciales de cada uno de los invitados, revelan un Botticelli capaz de cambiar de registro con total naturalidad, pasando de la violencia sobrenatural del bosque encantado a la elegancia doméstica de una celebración social sin perder en ningún momento la coherencia del conjunto narrativo.
Con este panel se cierra, dentro de la colección del Prado, el ciclo dedicado a Nastagio degli Onesti, aunque la historia completa de Boccaccio incluía todavía una cuarta escena, la de la boda final entre Nastagio y la mujer que finalmente accede a casarse con él, conservada hoy fuera de Madrid tras la dispersión del conjunto original en el siglo XIX. Contempladas en su conjunto, estas tablas demuestran la extraordinaria versatilidad narrativa de Botticelli, capaz de sostener con la misma maestría tanto los episodios más terroríficos como los momentos de mayor delicadeza social.
Vista con perspectiva moderna, la estrategia de Nastagio plantea preguntas incómodas sobre el consentimiento y la coacción emocional que la sensibilidad del siglo XV no se planteaba en los mismos términos. Obligar a la mujer amada a presenciar un castigo eterno como argumento persuasivo para el matrimonio resultaría hoy difícilmente aceptable, pero dentro del sistema de valores de la Florencia renacentista, la historia se leía sencillamente como una fábula edificante sobre las consecuencias de la crueldad sentimental, sin que nadie cuestionara la legitimidad del recurso empleado por el protagonista para conseguir sus fines.
El propio Botticelli, al ilustrar este pasaje con tanto detalle festivo, banquete, escudos heráldicos, gestos cortesanos, parece más interesado en la dimensión social y decorativa del desenlace que en cualquier matiz moral incómodo, una lectura acorde con el propósito celebratorio del encargo original, pensado ante todo para adornar el hogar de dos familias florentinas unidas por un matrimonio ventajoso y por una misma lealtad política hacia los Médicis.