Pierre-Auguste Renoir - Baile en la ciudad
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- Pierre-Auguste Renoir obras de arte
Año 1883
Óleo sobre lienzo, 180 x 90 cm París, Musée d'Orsay
En los tres cuadros que representan el baile en el campo, en la ciudad y en Bougival, el personaje masculino que posa para Renoir es su amigo Paul Auguste Lhote, aquí enlazado con Suzanne Valadon, importante protagonista de la vida artística parisiense: tras unos comienzos precoces como trapecista en un circo, a los quince años Suzanne se vio obligada a interrumpir su carrera circense y a emprender un nuevo camino en el taller de los artistas, primero como modelo, posará para Renoir, Toulouse-Lautrec y Puvis de Chavannes, de los cuales será también amante, y luego como pintora. En la época en la que posa para este cuadro, Suzanne tenía diecisiete años y estaba esperando un hijo, el futuro pintor Maurice Utrillo.
En sus memorias Suzanne describe la pasión de Renoir por el cabello y el esmero con el que él mismo, acompañándola a la modista, escoge un atavío para los dos lienzos, ya que Suzanne posará también para Baile en Bougival: este cuadro es un brillante ejemplo del extremo cuidado con que Renoir compone sus obras, enriqueciéndolas con elementos tradicionales, pertenecientes a la retratística de los siglos XVI y XVII, como la media columna de mármol que se entrevé en el fondo.
La búsqueda de una sobria elegancia propia de los bailes de alta sociedad impone a los modelos actitudes contenidas y mesuradas, muy diferentes de las poses desenvueltas y movidas de Baile en Bougival, de 1883, y Baile en el campo, del mismo año; a pesar de esta aparente rigidez, el pintor ofrece a los ojos del contemplador algunos extraordinarios fragmentos pictóricos, como el traje de noche de la danzarina, blanco perla con esfumados rosa azulados.
Suzanne Valadon acabaría convirtiéndose, con el tiempo, en una pintora de mérito propio, autodidacta y una de las pocas mujeres admitidas en la Société Nationale des Beaux-Arts de su época, lo que otorga a esta serie de retratos como modelo un interés añadido dentro de la historia del arte: no solo documentan la habilidad compositiva de Renoir, sino también los primeros pasos de una figura que terminaría desarrollando una carrera artística independiente y reconocida, igual que su hijo Maurice Utrillo, célebre décadas más tarde por sus vistas del Montmartre donde ambos habían crecido.
Este cuadro forma parte de un conjunto de tres grandes lienzos dedicados al baile que Renoir concibió como una suerte de estudio comparado de las costumbres sociales francesas de su tiempo, cada uno representando un registro distinto del ocio bailable: el refinamiento urbano de este Baile en la ciudad, la animación semirrural de Bougival y la espontaneidad campesina del baile en el campo. Considerados en conjunto, los tres lienzos constituyen un documento excepcional sobre la diversidad de la vida social francesa de comienzos de la década de 1880, capaz de reflejar en un mismo gesto, el del baile en pareja, las diferencias sutiles de clase, edad y contexto que separaban a sus protagonistas. El vestido de la bailarina, cuidadosamente elegido según el propio testimonio de Suzanne Valadon, respondía además a un código de elegancia muy codificado dentro de la sociedad parisina de la época, donde el atuendo de baile comunicaba de manera precisa el estatus social y la ocasión concreta de cada evento mundano representado. La media columna de mármol visible al fondo, recurso tomado de la tradición retratística cortesana de siglos anteriores, confiere a esta escena de baile contemporáneo una dignidad casi solemne, tendiendo un puente deliberado entre la pintura de género impresionista y la gran tradición del retrato aristocrático europeo. Pocas veces Renoir volcó tanto cuidado compositivo en una sola obra como en esta escena de baile urbano.