1937
Óleo sobre lienzo, 203 x 188 cm París, Musée National Picasso

Retrato de Nush Éluard – Pablo Picasso, 1937, Cubismo

Nush, la mujer del poeta Paul Éluard, fue retratada, además de por Picasso, por Man Ray, que destacó siempre su extraordinaria luminosidad y belleza fotogénica. En esta obra se percibe algo de mágico y misterioso. Los labios finos y los ojos alargados están bañados por dos luces totalmente distintas: el sol y la luna parecen repartirse el rostro, y el amarillo del día y el azul de la noche tiñen a la vez la carnación de la modelo.

El excéntrico peinado y el sombrero poco convencional ponen de manifiesto la sensibilidad artística de la propia Nush, muy vinculada al ambiente surrealista parisino de aquellos años. Picasso juega aquí con el atavío de la mujer, que aparece vestida con elegancia y extravagancia a la vez: el sombrero terciado, cerrado con grandes botones, y un gran cuello decorado con dos broches, realizados por el joyero Jean Schlumberger para la diseñadora Elsa Schiaparelli, que representan dos amorcillos. Uno de ellos sostiene en la mano una antorcha, símbolo de luz y vida, mientras que el otro, que toca una trompeta, aparece figurado con una calavera en el lugar de la cabeza, simbolizando la muerte.

Esta doble simbología, vida y muerte entrelazadas en un mismo objeto decorativo, no es casual en un año como 1937, marcado por la Guerra Civil española y por la elaboración, ese mismo verano, del Guernica, el gran mural con el que Picasso denunciaba el bombardeo de la ciudad vasca. Nush y Paul Éluard formaban parte del círculo más cercano de amistades del pintor durante esos meses decisivos, y su presencia constante en el estudio de Picasso queda reflejada en varios retratos de esos mismos años.

Como fotógrafa aficionada y modelo habitual de artistas surrealistas, Nush Éluard ocupó un lugar singular dentro de aquel círculo: no era solo musa, sino también testigo activo y participante del proceso creativo de sus amigos pintores, un papel que comparte en cierto modo con otras mujeres del entorno surrealista de la época, como la propia Dora Maar, fotógrafa y compañera sentimental de Picasso durante buena parte de esos mismos años.

Conservado en el Musée National Picasso de París, este retrato permite observar la libertad con la que Picasso combinaba, en un solo rostro, elementos decorativos contemporáneos, simbolismo clásico y un tratamiento cromático que confiere a la modelo una presencia casi sobrenatural.

El broche de Schiaparelli que aparece representado en este retrato no es un detalle inventado ni decorativo en sentido puramente formal: la diseñadora italiana colaboraba habitualmente con artistas surrealistas como el propio Dalí para crear piezas de joyería y complementos que trasladaban al mundo de la moda las mismas obsesiones simbólicas que poblaban la pintura del movimiento, y Picasso, atento observador de todo lo que ocurría en los círculos artísticos parisinos de la época, incorpora aquí ese objeto real como parte integral de la composición.

Este tipo de retratos de mujeres del entorno surrealista, realizados por Picasso a lo largo de toda la segunda mitad de los años treinta, constituye hoy un valioso documento sobre la vida social e intelectual de aquel círculo parisino, en el que la moda, la fotografía, la poesía y la pintura se entrelazaban constantemente, mucho más allá de la simple relación de modelo a artista.

Nush y Paul Éluard permanecerían unidos hasta la muerte de ella, en 1946, un suceso repentino que sumió al poeta en un profundo dolor y que él mismo evocaría después en varios de sus versos más conmovedores. La memoria de Nush, fijada en los retratos de Picasso, Man Ray y otros artistas de su círculo, sigue siendo hoy inseparable de la propia historia visual del surrealismo francés de entreguerras.