1922-1923
Oleo sobre lienzo,
38,1 x 45,7 cm
Nueva York, The Museum of Modern Art
© 2004, Digital image,The Museum of Modern Art, Nueva York / Scala, Florencia

La lámpara de carburo – Joan Miró, 1922-1923, Surrealismo

Este lienzo surge después de volver Miró a París en 1922; no se puede dejar de captar la general tendencia a la geometrización que ya Picabia y Duchamp habían iniciado durante la Primera Guerra Mundial. Si para estos artistas las partes abstractas empezaban a tener un papel fundamental y una marcada inventiva, aquí el artista dirige su formación personal hacia un constante y progresivo abandono de las formas.

Tiende a desaparecer todo intento descriptivo de tipo naturalista, aunque aún encontramos una pequeña complacencia en la fruta representada en primer plano. También la lámpara conserva todavía un mínimo efecto claroscurista, del cual se sirve el pintor probablemente para dar una tridimensionalidad que, por el contrario, desaparece en la reja y en la fruta.

En esta obra, el estudio del espacio ha dado ya grandes pasos adelante: el cuadro resulta equilibrado y armónico tanto en sus geometrías, derivadas del cuadrado irregular y la reja, como en la relación cromática de los objetos. El conjunto de los colores no crea discordancias, todos pertenecen a la gama del amarillo y del verdoso; la fruta contiene anaranjado, que es complementario del verde. Todo parece estar muy calculado, las relaciones entre los objetos consigo mismo y con los demás, hasta su modo de presentar sus respetos a la forma cuadrada del fondo.

Este periodo parisino de comienzos de los años veinte resulta decisivo para la formación del lenguaje maduro de Miró, ya que el contacto directo con la vanguardia francesa, en particular con las últimas derivaciones del Cubismo y con el naciente Dadaísmo de Picabia y Duchamp, le permitió confrontar su propia sensibilidad, todavía muy anclada en el detallismo minucioso de obras como La masía, con un lenguaje formal mucho más reductivo y experimental. Esta lámpara de carburo, objeto cotidiano de iluminación rural muy familiar para el pintor por su infancia catalana, se convierte así en pretexto perfecto para ensayar una geometrización progresiva que apenas dos o tres años después desembocaría en las composiciones plenamente surrealistas que definirían el resto de su carrera. Esta reducción progresiva de la forma a estructuras casi geométricas puras, ya plenamente visible en esta pequeña obra de 1922 y 1923, se aceleraría de manera extraordinaria en apenas dos o tres años, hasta desembocar en las composiciones radicalmente abstractas que Miró produciría a partir de 1925, dejando definitivamente atrás cualquier vestigio de descripción naturalista del objeto representado. El propio museo neoyorquino que custodia esta obra la sitúa habitualmente en el recorrido cronológico dedicado a los primeros pasos del Surrealismo, ofreciendo al visitante la posibilidad de seguir en tiempo real la transformación radical del lenguaje de Miró a lo largo de apenas un lustro decisivo. Una pieza de transición fascinante, que documenta con precisión casi científica el momento exacto en que Miró abandonó definitivamente la fidelidad al mundo visible. El pintor catalán, apenas unos años después, dejaría atrás por completo este vocabulario todavía reconocible. Un objeto doméstico transformado en pretexto para el más puro ejercicio geométrico de equilibrio cromático. El propio Museum of Modern Art de Nueva York adquirió esta obra relativamente pronto dentro de su política de coleccionismo dedicada al arte europeo de vanguardia, reconociendo tempranamente su valor documental como testimonio de una fase de transición decisiva dentro de la trayectoria de uno de los grandes nombres del Surrealismo del siglo XX. Su formato reducido, casi de bolsillo, contrasta con la ambición conceptual que Miró vuelca en cada centímetro de esta composición cuidadosamente calculada, prueba de que la escala física de una obra no siempre guarda relación directa con la trascendencia de sus implicaciones dentro de la evolución artística de su autor.