Miró - Hombre y mujer frente a un montón de excrementos
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- Joan Miró obras de arte
1935
Óleo sobre cobre, 23 x 32 cm Barcelona, Fundació Joan Miró

Se manifiesta aquí, mediante el peculiar uso de los colores, el sentimiento de angustia, opresión e impotencia que el artista experimentaba ante la situación política que su país estaba viviendo en vísperas de la Guerra Civil española. Basta con que se asome a su mente el presagio del conflicto para que la inquietud de Miró lo conduzca a un experimentalismo que abarca por igual la técnica, el soporte y el propio asunto representado.
El cuadro acentúa, gracias al fondo deslizante, al que se adhiere el color de manera no homogénea, y a la dirección vertical de las pinceladas, el efecto de alargamiento de las figuras que lo pueblan. Miró produjo en estos años una serie de cuadros en los que la luz se torna cruda, irreal y fosforescente, intensificando aún más la atmósfera oscura que invade toda la composición.
En primer plano aparecen dos extraños seres, caracterizados por la presencia simultánea de atributos sexuales masculinos y femeninos, con los brazos levantados y gesticulando entre sí en lo que parece ser un coloquio tenso. A la derecha, como una presencia amenazadora, el montón de excrementos ha asumido la forma de un gran ídolo y aparece bañado en una luminosidad que contrasta violentamente con las tinieblas circundantes.
El color, áspero y filamentoso, avivado aquí y allá sobre la pequeña superficie de cobre que sirve de soporte, acentúa el efecto de luz y sombra, confiriendo mayor dramatismo a una escena dominada por estos dos centinelas erguidos y en guardia, como presagiando lo que está a punto de ocurrir en el horizonte histórico inmediato.
Es esta la traducción en imágenes del presentimiento de una catástrofe inminente que Miró percibía con creciente claridad ya en 1935, apenas un año antes del estallido de la Guerra Civil. Quizá las figuras no sean otra cosa que una representación de la humanidad turbada ante algo que se abre camino en el horizonte, cuya marcha resulta imposible detener, como una amenaza que procediera de un poder muy superior a la voluntad individual.
Este tipo de obras, ejecutadas sobre pequeños soportes de cobre poco habituales en la producción de Miró, forman parte de un conjunto que el propio artista definiría más tarde como sus pinturas salvajes, precursoras directas de otras obras de tensión similar, como el célebre Autorretrato I pintado apenas dos años después, ya en pleno exilio parisino.
Conservada en la Fundació Joan Miró de Barcelona, esta pequeña obra sobre cobre constituye uno de los testimonios más tempranos y personales de la angustia política que atravesaría toda una generación de artistas españoles en los años inmediatamente anteriores a la guerra.
El estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 sorprendió a Miró en París, adonde había viajado por motivos profesionales, y la imposibilidad de regresar con seguridad a Barcelona lo obligó a permanecer en Francia durante los años siguientes, en un exilio que se prolongaría, con la interrupción de un breve regreso a Mallorca en 1940, hasta bien entrada la posguerra mundial. Esta separación forzosa de su tierra natal, vivida con enorme angustia según reflejan tanto sus cartas de la época como series pictóricas posteriores como las célebres Constelaciones, marcó de manera indeleble toda la producción de Miró durante más de una década, y esta pequeña obra sobre cobre de 1935 puede leerse hoy como un presagio pictórico casi profético de esa larga y dolorosa separación que estaba a punto de comenzar.
Vista hoy con esa misma perspectiva histórica, esta pequeña escena sobre cobre adquiere una densidad emocional muy particular que trasciende con creces su reducido formato original.