Dalí - Penya-Segats (Mujer delante de los escollos)
- Detalles
- Salvador Dalí obras de arte
1926
Oleo sobre tabla,
26 x 40 cm
Colección privada
La poderosa masa de piedra del Penya-Segats, que significa roca cortada, ocupa totalmente el espacio de esta asombrosa tabla de dimensiones bastante reducidas. Los rojos arrecifes del promontorio de Norfeu, entre el golfo de Cadaqués y el puerto de Roses, cortados por profundas hendiduras, se iluminan con la luz de un sol de atardecer.
Dalí transfigura un lugar que le es muy querido, geográficamente bien identificable, cargándolo de una misteriosa inquietud. Nos hallamos ante un paisaje del origen del mundo, al cual la minúscula figura femenina sentada y absorta en la contemplación del mar, en el ángulo inferior izquierdo, única presencia viva en un mundo enteramente mineral, remite a un pasado mítico poblado de semidioses. Se perciben ecos del Prometeo de Arnold Böcklin, que el culto Dalí conocía sin duda, pero existen también singulares coincidencias con algunos de los primeros cuadros de Giorgio de Chirico, como el Paisaje con promontorio rocoso, también conocido con el título de Esfinge.
Dalí realizó este cuadro en el verano de 1926, a la vez que otro de estilo totalmente cubista, la Naturaleza muerta al claro de luna. El joven artista, en su búsqueda de un lenguaje personal, no rechazaba ninguna sugerencia, explorando libremente campos y tradiciones aparentemente inconciliables. Estos meses fueron fundamentales para su maduración, y ya al cabo de un año hacía obras en el espíritu del Surrealismo, como Aparato y mano y Cenicitas.
Penya-Segats fue expuesto, junto con una veintena de obras suyas, en la muestra de Barcelona a comienzos de 1927, y la crítica fue unánime en alabar la óptima calidad de los trabajos presentados.
Este mismo verano de 1926 tuvo lugar también el célebre primer viaje de Dalí a París, donde visitó por primera vez a Picasso en su estudio, encuentro que el propio Dalí describiría después como uno de los momentos más determinantes de toda su formación artística. La yuxtaposición, en apenas unos meses, de un ejercicio de raíz simbolista como este Penya-Segats junto a experimentos plenamente cubistas ilustra bien la voracidad ecléctica con que el joven pintor catalán absorbía simultáneamente todas las corrientes de vanguardia disponibles, antes de decantarse definitivamente por el lenguaje surrealista que lo consagraría apenas unos años después.
Este pequeño panel, conservado en colección particular y por tanto poco accesible al gran público, sigue siendo estudiado por los especialistas como testimonio fundamental de la fase experimental que atravesó Dalí durante los años centrales de la década de 1920, justo antes de encontrar el lenguaje surrealista plenamente maduro que lo consagraría internacionalmente apenas unos años después. El promontorio de Norfeu, escenario real de esta composición, seguiría apareciendo transformado en decenas de obras posteriores de Dalí a lo largo de toda su carrera, confirmando la afirmación reiterada del propio pintor de que ningún otro paisaje del mundo había marcado tan profundamente su imaginación visual como esta costa rocosa de su infancia catalana. La crítica catalana de la época, unánime en su elogio de esta pequeña obra expuesta en Barcelona a comienzos de 1927, no podía todavía sospechar hasta qué punto aquel joven pintor local transformaría radicalmente el panorama artístico internacional apenas unos años después. Testimonio temprano de un talento que muy pronto desbordaría cualquier etiqueta estilística fija impuesta desde fuera. El propio Dalí volvería sobre este mismo litoral rocoso una y otra vez, durante décadas, como quien regresa a una fuente inagotable. Un pequeño paisaje que ya anuncia, sin saberlo todavía el propio pintor, al gran genio surrealista que estaba por llegar. Testimonio pequeño pero elocuente de un talento en plena efervescencia creativa, todavía indeciso entre varios caminos posibles.