Francisco de Goya - Autorretrato (año 1815) Firmado en el ángulo inferior izquierdo

Detalles
Francisco de Goya obras de arte
13 Septiembre 2017
22 Octubre 2026

Hacia 1815
Óleo sobre tabla, 46 x 35 cm Madrid, Museo Nacional del Prado
Firmado en el ángulo inferior izquierdo

Goya fue autor de numerosos autorretratos, ejecutados a lo largo de toda su vida en técnicas muy diversas, grabado, dibujo, pintura, y en circunstancias igualmente variadas: retratándose ante su propio caballete de trabajo, o bien, siguiendo el ejemplo de Velázquez, incluyéndose discretamente en el lienzo destinado a la familia real. En otras ocasiones se representó ofreciendo el cuadro terminado al modelo retratado, como en su célebre retrato del conde de Floridablanca, o formando parte del grupo familiar del infante de España.

¿Qué distingue entonces a este autorretrato tardío de todos los anteriores? Este, sin embargo, es uno de los más espontáneos, directos y profundamente humanos de toda su producción, sin el menor adarme de narcisismo o vanidad artística. Goya abandona aquí todo detalle superfluo, renuncia por completo a presentarse como el célebre pintor que efectivamente era, deja de lado la vanidad de los trajes vistosos a la que había cedido en otras épocas de su carrera, y concentra toda su atención pictórica en el rostro surcado por los años de un hombre de casi setenta años.

La composición se organiza mediante diagonales, con la luz colocada en un punto alto a la izquierda del cuadro, descendiendo oblicuamente y quedando atrapada entre las costras espesas del color aplicado. La camisa blanca, abierta y arrugada sin ningún cuidado estético, junto con el tono casi monocromo que oscila entre el marrón y el negro, componen un fondo austero sobre el que emerge el rostro de Goya, marcado ya por las huellas visibles del tiempo pero todavía fuerte y sorprendentemente enérgico en su expresión.

Este anciano pintor ha perdido, sin duda, la complacida osadía propia de la juventud, pero conserva todavía una determinación viril y profundamente sedimentada por décadas de oficio, visible en la firmeza con que sostiene la propia mirada dirigida hacia el espectador, sin concesión alguna a la vanidad ni a la autocompasión que podría esperarse de un hombre de su edad y su historial de enfermedades.

En estos autorretratos de la vejez, realizados con una extrema pobreza de medios técnicos y una gama cromática tenue que gana en profundidad emocional lo que pierde en variedad de color, y en los cuales la luz misma parece tropezar y arrastrarse por el lienzo como si fuera un lamento silencioso, Goya parece evocar deliberadamente los sublimes, enternecedores y dolientes autorretratos que Rembrandt había pintado dos siglos antes en circunstancias vitales no muy distintas.

Esta comparación con el maestro holandés no resulta casual: ambos pintores compartieron la capacidad excepcional de convertir el propio rostro envejecido en un territorio de investigación pictórica tan legítimo y profundo como cualquier otro tema de su producción, transformando el paso inevitable del tiempo en materia artística de primer orden.

Conservado hoy en el Museo Nacional del Prado de Madrid, este autorretrato constituye uno de los testimonios más conmovedores de la capacidad de Goya para mirarse a sí mismo con la misma honestidad implacable que había aplicado durante décadas a la aristocracia, la realeza y el pueblo llano de la España de su tiempo.

Este autorretrato final se inscribe además dentro de una larga tradición europea de representaciones de la vejez y la enfermedad en el arte, desde los propios autorretratos tardíos de Rembrandt hasta ejemplos posteriores del romanticismo francés, una tradición que Goya conocía bien y que le permitió abordar su propia decadencia física con una honestidad formal poco habitual entre los pintores oficiales de su generación. Este último autorretrato, breve pero intenso, cierra así de manera coherente una larga trayectoria de introspección pictórica. El pintor firmó esta obra en el ángulo inferior izquierdo, gesto poco frecuente en sus autorretratos anteriores.

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