Francisco de Goya - El 2 de mayo en Madrid: la lucha con los mamelucos

Detalles
Francisco de Goya obras de arte
10 Septiembre 2017
18 Octubre 2026

1814
Óleo sobre lienzo, 266 x 345 cm Madrid, Museo Nacional del Prado

El 24 de febrero de 1814, apenas terminada la ocupación napoleónica de España, Francisco de Goya dirigió al Consejo de Regencia, representado entonces por el cardenal Luis María de Borbón, una petición formal de apoyo financiero para realizar dos grandes cuadros dedicados a perpetuar, según sus propias palabras, las más notables y heroicas acciones del glorioso levantamiento español contra el tirano de Europa. El regente, con notable diligencia, puso a disposición del pintor el dinero y los materiales necesarios para ejecutar ambas obras.

Aunque no existe prueba documental definitiva, se ha sugerido que los dos lienzos resultantes, este dedicado al alzamiento del 2 de mayo y su compañero centrado en los fusilamientos del día siguiente, pudieron colgarse en algún arco de triunfo levantado con ocasión de la entrada de Fernando VII en Madrid, tras el fin de la guerra y el regreso del monarca desde su cautiverio en Francia.

¿Por qué eligió Goya representar precisamente la lucha contra los mamelucos? El lienzo muestra la revuelta popular madrileña que dio origen a toda la Guerra de la Independencia contra la ocupación francesa y el gobierno bonapartista impuesto por Napoleón. El levantamiento del 2 de mayo de 1808 se desencadenó, en realidad, contra los destacamentos de tropas mamelucas egipcias integradas en las milicias francesas, pero la representación de estos soldados de apariencia oriental en una pintura de historia apelaba directamente al recuerdo nacionalista de la lucha secular contra los moros, enemigos atávicos de los españoles desde los tiempos de la Reconquista medieval.

Esta asociación entre el enemigo napoleónico y el enemigo musulmán medieval no era ingenua: Goya y sus contemporáneos sabían perfectamente que evocar la memoria de la Reconquista reforzaba el carácter épico y providencial que se quería atribuir a la resistencia española frente a la ocupación francesa, presentándola como una nueva cruzada nacional contra un invasor extranjero.

El cuadro, de una dinámica encendida y furibunda, está resuelto con un estilo pictórico rápido y suelto, aplicado en amplias zonas con abundancia de tonos marrones y rojos que anticipan, de manera sorprendente, la paleta que Eugène Delacroix haría célebre pocos años después en sus propias composiciones históricas de tema romántico. Esta coincidencia estilística, señalada por buena parte de la crítica posterior, sitúa a Goya como un precursor directo de la sensibilidad romántica francesa que dominaría la pintura europea durante las décadas siguientes.

La composición transmite un caos violento deliberado: cuerpos entrelazados de jinetes y combatientes a pie, caballos encabritados y armas blancas que se cruzan en todas direcciones, sin que exista un punto de vista privilegiado desde el que ordenar la escena. Esta falta de jerarquía compositiva refuerza la sensación de violencia desatada y confusión propia de un enfrentamiento callejero improvisado, muy distinta de la claridad narrativa habitual en la pintura de batallas académica de la época.

Conservado hoy en el Museo Nacional del Prado de Madrid, junto a su obra compañera dedicada a los fusilamientos del día siguiente, este lienzo constituye uno de los testimonios pictóricos más poderosos jamás realizados sobre un episodio bélico contemporáneo al propio artista, y sigue siendo, dos siglos después, una de las imágenes más reproducidas y estudiadas de toda la historia de la pintura española.

Ambos lienzos, encargados en el mismo momento y pensados para exhibirse juntos, constituyen en conjunto uno de los alegatos visuales más contundentes jamás pintados contra la violencia de una ocupación militar extranjera, y explican por qué Goya sigue siendo considerado, dos siglos después, uno de los primeros grandes cronistas visuales del sufrimiento colectivo provocado por la guerra moderna. Su factura acelerada, casi frenética, transmite la urgencia misma del combate callejero que retrata.

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