Francisco de Goya - Cristo crucificado

Detalles
Francisco de Goya obras de arte
11 Agosto 2017
06 Octubre 2026

1780
Óleo sobre lienzo, 255 x 153 cm Madrid, Museo Nacional del Prado En la tablilla de la parte superior de la cruz, el INRI en escritura hebrea, griega y latina

La obra fue ejecutada como prueba de ingreso en la Real Academia de San Fernando y presentada el 5 de mayo de 1780 por Goya, que fue admitido por unanimidad. Inspirada en el Cristo de Mengs conservado en Aranjuez, adopta su aspecto apolíneo, sin señales de la tortura: Cristo surge desenfocado de la oscuridad; está iluminado frontalmente y desde abajo, como demuestra la sombra que proyecta sobre el madero de la cruz, detrás de la cabeza, por una fuente de luz emulsionada, tenue, que crea una especie de halo mágico y móvil, como si fuese la llama de una vela, que confiere al Crucificado el aspecto incierto y sospechoso de una aparición nocturna.

El desnudo, perfectamente modelado y pulido, le valió las críticas de los estudiosos ochocentistas, que hallaron en él un sentimiento forzado y juzgaron la obra oportunista por haber renunciado Goya a su propio lenguaje estilístico para complacer el gusto de los académicos. Teniendo en cuenta los anteriores fracasos, de los que nos habla Goya, en los concursos para el ingreso en la Academia, es comprensible que el pintor hubiera entendido que no estaba en situación de alardear de sus propias convicciones estéticas.

Este ingreso en la Real Academia de San Fernando, apenas cinco años después de haberse instalado definitivamente en Madrid, marcó un punto de inflexión decisivo en la carrera profesional de Goya, abriéndole las puertas a los grandes encargos cortesanos que definirían el resto de su trayectoria durante las décadas siguientes. La elección deliberada de un modelo tan académico y complaciente como el Cristo de Anton Raphael Mengs, pintor de cámara favorito de la corte ilustrada, revela la astucia calculada de un joven artista todavía sin posición consolidada, dispuesto a sacrificar temporalmente su propia voz estilística para asegurarse el reconocimiento institucional que necesitaba antes de poder permitirse la libertad creativa que caracterizaría su producción madura.

La Real Academia de San Fernando, institución ante la cual Goya presentó esta obra como prueba de ingreso, sigue conservando hoy un registro detallado de las deliberaciones que llevaron a su admisión unánime, documento histórico que permite a los investigadores reconstruir con precisión el proceso de validación institucional al que se sometían los artistas aspirantes en la España ilustrada del siglo XVIII. El propio Mengs, cuya obra sirvió de modelo directo para este Cristo académico, había sido durante años la máxima autoridad artística de la corte española, y su estilo neoclásico idealizado representaba exactamente el tipo de lenguaje pictórico que la Real Academia de San Fernando esperaba y premiaba en sus candidatos a la admisión oficial. Resulta paradójico que esta obra tan deliberadamente ajena al estilo personal que Goya desarrollaría después sea precisamente la que le abrió las puertas de la institución académica más prestigiosa de la España de su tiempo, paso imprescindible para la carrera cortesana que vendría después. Un ejercicio de virtuosismo académico que, paradójicamente, terminaría abriéndole a Goya el camino hacia su propia libertad artística futura. Goya lo sabía muy bien: para llegar lejos, primero había que aprender a complacer a quienes decidían las puertas de entrada. Un lienzo que sigue impresionando por su pulcritud técnica, aunque hoy lo leamos ante todo como documento de una estrategia profesional. Una obra de circunstancias, sí, pero ejecutada con la misma exigencia técnica que Goya aplicaría después a encargos de muy distinta naturaleza. Pieza de arranque en una carrera que, décadas después, terminaría por explorar territorios estéticos radicalmente opuestos a esta serena imagen apolínea. El propio contraste entre esta imagen serena y el resto de su obra posterior sigue fascinando a quienes descubren esta pieza por primera vez.

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