Picasso - Mujer con abanico

1908
Óleo sobre lienzo, 152 x 101 cm San Petersburgo, Museo Estatal del Ermitage

Picasso - Mujer con abanico

En Mujer con abanico encontramos un elegante equilibrio entre las diversas corrientes e influencias que estaban atravesando la poética picassiana: Cézanne, el arte negro y la escultura griega arcaica parecen expresarse aquí con espontaneidad y naturalidad, sin forzarlas como a veces sucede en Las señoritas de Aviñón. En uno de los estudios para este cuadro se percibe la semejanza del personaje con Fernande Olivier; además, gracias a la radiografía que se hizo al lienzo se ha podido descubrir que, en un principio, el artista había pensado representar a la mujer en posición erguida y frontal con respecto al contemplador. En la versión definitiva no hay signos que personalicen a la figura. Por ello es difícil decir sí está todavía vinculada al retrato de la compañera de Picasso. La postura rígida, que casi hace que la figura forme una unidad con la silla en la que está sentada, recuerda a las sacerdotisas en meditación representadas en la pintura egipcia. Por otra parte, las grandes dimensiones y la perspectiva ascendente, que obliga al espectador a mirar el cuadro de abajo arriba, provocan una sensación de temor. A diferencia de Cézanne, Picasso utiliza una paleta de colores menos vibrantes: dominan, en efecto, diversas tonalidades de gris y de marrón, en una obra que hay que considerar todavía protocubista.

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