Dalí - Penya-Segats (Mujer delante de los escollos)
Dalí - Penya-Segats (Mujer delante de los escollos)
Dalí - Penya-Segats (Mujer delante de los escollos)
Miró - La masovera
Miró - La masovera
Miró - La masovera
Dalí - Objeto surrealista indicador de la memoria instantánea
Dalí - Objeto surrealista indicador de la memoria instantánea
Dalí - Objeto surrealista indicador de la memoria instantánea
Dalí - Cestillo de pan
Dalí - Cestillo de pan
Dalí - Cestillo de pan
Picasso - Retrato de muchacha
Picasso - Retrato de muchacha
Picasso - Retrato de muchacha
Dalí - Manifiesto surrealista
Dalí - Manifiesto surrealista
Dalí - Manifiesto surrealista

1920
Oleo sobre lienzo,
61,5 x 49 cm
Cadaqués, Colección particular

Dalí - Retrato del violonchelista Ricardo Pichot

Pintado por Dalí en junio de 1920, poco después de cumplir dieciséis años, este lienzo es una asombrosa prueba de la precocidad del artista catalán. Las sugestiones impresionistas y fauves de sus primeras obras ceden aquí el paso a un gusto por las atmósferas inmersas en una cálida luz difusa, que recuerda el estilo de las obras contemporáneas de Pierre Bonnard. La composición, fresca e intensa al mismo tiempo, se centra en la figura del violonchelista Ricardo Pichot, alumno de Pablo Casals y excelente instrumentista, miembro de una familia de artistas frecuentada por los Dalí. Fue Pepito Pichot, apasionado del arte y muy amigo del padre de Dalí el notario don Salvador Dalí i Cusí, quien le insistió en que se encaminase al joven Salvador al estudio de la pintura, para la cual había mostrado ya notables aptitudes, logrando al final vencer su resistencia.

La familia Pichot, como escribió más tarde el propio Dalí en su Vida secreta, condicionó positivamente su educación: “Esta familia tuvo sobre mí y sobre mis padres gran influencia. Todos los Pichot eran artistas de gusto exquisito y muchos talentos. Ramón Pichot era pintor, Ricardo violonchelista, Luis violinista, María era contralto y cantaba en la Ópera. Luego, Pepito era el más artista de todos; aunque no se dedicase directamente a las bellas artes, poseía un gusto selecto para la jardinería y para la vida en general, y fue él quien construyó la casa de Cadaqués”.

Las dotes excepcionales del muchacho habían sorprendido también al pintor alemán Sigfried Burmann, un retratista y paisajista que pasaba temporadas en el pueblo de Cadaqués, donde tanto los Dalí como los Cadaqués tenían casa. Fue precisamente él, según la leyenda, quien le regaló a Salvador la primera paleta y los primeros tubos de color.