1961
Óleo sobre lienzo, 270 x 355 cm Nueva York, Pierre Matisse Gallery

Miró - Azul III

Este cuadro forma parte de una serie de tres cuadros de gran tamaño, realizados el mismo día, que ofrecen a Miró la oportunidad de trabajar en grandes extensiones. Se advierte sin duda el deseo de superar los límites, de lanzarse más allá, la manera que tiene el artista de aludir a lo que estaba experimentando el expresionismo abstracto, estudiado en 1959 durante su segundo viaje a Estados Unidos. La lectura más correcta para esta obra incluiría una visión integral de los tres lienzos para poder captar los diversos matices de azul. Las grandes dimensiones hacen que el color, protagonista indiscutible, sea percibido sin el límite impuesto por el marco. Los diversos modos en que hace su aparición el azul en estos tres lienzos confieren cada vez una elocuencia distinta. El color vibra en el lienzo y viene a mostrarnos en cada ocasión la noche interior, la pureza del espíritu, la dimensión del sueño, la del alma. Sólo unos escasos signos, que aumentan además la resonancia del color, intervienen y dan un punto de referencia que nos evita perdernos en el infinito que Miró ha abierto más allá del lienzo. Pequeños agujeros, puntitos negros, colas de cometa que cruzan el espacio, bandas rojas que han caído donde están, sólo podrían estar allí; en esto demuestra el artista su gran sensibilidad. Su esencialidad está próxima a la de los signos primordiales que encontramos en las paredes de las grutas de Lascaux; una vez más, Miró nos ha hecho realizar un viaje por el universo.